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El cierre de la Virgen Blanca provoca atascos
La congestión del tráfico en las horas punta afectó a las calles adyacentes a la catedral nueva Conductores y usuarios de autobús se quejan de «falta de información»

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El cierre de la Virgen Blanca provoca atascos
COLAS. La calle Cadena y Eleta tras el cierre, completamente llena de vehículos. / JESÚS ANDRADE
El cierre al tráfico rodado de la plaza de la Virgen Blanca, provocado por las obras de reforma del recinto, cosechó en su primer día atascos intermitentes en la circulación de Vitoria y el enfado de centenares de conductores. La clausura temporal de este importante acceso al centro, que durará hasta el día 29 para el tráfico privado, se produce once días después del fallecimiento de una anciana que se tropezó con una manguera en una zona abierta a los peatones. Los grupos de la oposición criticaron los trabajos «por falta de seguridad», mientras el Gabinete Lazcoz rechazaba esta apreciación.

La drástica medida no sólo afectó a las calles adyacentes como Magdalena, Vicente Goicoechea, Mateo Moraza, Cadena y Eleta o Ramón y Cajal, sino que como una onda expansiva se movió hacia Luis Heintz, la plaza Lovaina, Adriano VI e incluso la Avenida de Gasteiz. En las horas punta, los automovilistas más enfadados realizaron sonoras pitadas, aunque los agentes municipales -en algunos momentos hasta cuatro en apenas dos calles -que tuvieron que controlar los cruces estratégicos en torno a la catedral nueva se mostraron satisfechos. «Esto 'traga' bien», decía por radio un guardia apostado en el cruce entre Magdalena y Vicente Goicoechea, uno de los más conflictivos. Eran las 17.15 horas de la tarde, hora punta de la salida de los colegios. Los policías respiraban tranquilos.

Pero el día había comenzado con dificultades por la falta de previsión. Un «problema de entendimiento» entre la Guardia Urbana y la empresa Mendigorri-Iruña, adjudicataria de las obras, provocó que las señales de la prohibición no llegaran hasta las 11.30 de la mañana. Fue en ese momento cuando varios agentes cerraron el paso en Prado, con el consiguiente malestar de algunos conductores, que mostraban su desacuerdo. «Falta información sobre esta medida. Hace unos minutos esto estaba abierto», indicó el chófer de un microbús.

«Situación incómoda»

Una hora más tarde, dos operarios colocaron otra señal de aviso de la clausura de Prado en la plaza Lovaina. Hasta ese momento todos los coches accedían con absoluta normalidad en ese punto.

La Policía dejaba entrar a los propietarios de garaje de la calle Prado y a los transportes de carga y descarga. «Es incómoda la situación, porque he llevado cervezas al bar Baztertxo, en la plaza de España ,y tengo que hacer más de 200 metros con la carretilla. Antes lo dejaba en la puerta», se quejaba el repartidor Emilio Domínguez mientras daba la vuelta en la calle Prado, convertida en fondo de saco.

La primera avalancha fuerte de tráfico se produjo en torno a la una de la tarde, cuando salían los escolares de Ursulinas y Marianistas y los padres iban a recogerlos con sus coches. Entre 5 y 10 minutos tardaba un vehículo entre la plaza Lovaina y la curva de la catedral, apenas unos 200 metros de recorrido. Según informó la Guardia Urbana, los semáforos de este cruce y los de la gasolinera Goya fueron manipulados «para permitir un mayor flujo de tráfico. Eso, y la falta de autobuses de línea en ese tramo, ha permitido que no se produzca el colapso», indicó un agente. Los policías permitieron aparcar a los padres en los aledaños de la catedral, lo que motivó también el enfado de otros conductores.

Usuarios despistados

Precisamente, las once líneas de Tuvisa afectadas que tuvieron que cambiar de itinerarios y la suspensión de las paradas de Prado y Olaguíbel causaron largas esperas de muchos despistados, a pesar de que los avisos de suspensión estaban colgados en las marquesinas. Fue el caso de una docena de estudiantes de Ursulinas y Corazonistas, que permanecieron en una parada de la calle Prado más de un cuarto de hora a la espera de un urbano que les llevara a Aranbizkarra hasta que un viandante les indicó que por allí no iba a pasar ningún urbano. «Nadie nos ha informado», dijeron antes de ponerse a andar.
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