
-¿Cuál es el mal de Italia?
-La sociedad italiana presta cada vez menos atención a los problemas reales, los que la prensa extranjera subraya: la economía, la burocracia... Al italiano no le interesan. Por eso la campaña electoral no toca los temas serios. Los italianos borran, en términos psíquicos, los problemas importantes y se centran en problemas de opinión. Lo que queda es la antropología colectiva italiana, que en este momento tiene dos rasgos: deprimidos y mirones, grandes 'voyeurs'.
-Pero siendo el país europeo con menos confianza en las instituciones siempre vota en masa.
-Sí, porque en el fondo es un espectáculo y se participa en él. Pero ¿cómo vota alguien deprimido? O no vota, y creo que esta vez subirá la abstención, o vota pasivamente. Dice: 'A ver qué tenemos, Berlusconi; el otro, bueno, no cambia nada'. Estas elecciones confirmarán la polarización del país. Pero siendo un mirón, un tifoso, un teleadicto, un espectador ¿qué hace al votar? Mantener el espectáculo, es decir, evitar la polarización que acabaría con el juego, y vota a los partidos pequeños, que dejan una dinámica abierta. Creo que habrá una sorpresa con estos partidos.
-¿Qué responsabilidad tiene la televisión en este proceso?
-Mucha. Y también la personalización de la política, los líderes. Pero por primera vez en 15 años en estas elecciones la televisión ha tenido poca presencia.
Cansados de la política
-¿Por qué ha sido una campaña tan extraña, tan sosa, por cansancio o por estrategia política?
-Creo que por cansancio. Personalizar la política cansa, si no cambian los protagonistas se desgastan. Berlusconi es un hombre gastado. Y también Veltroni, que no ha logrado convencer al electorado de que es nuevo, y ha hecho una campaña muy larga. Estamos al final de un ciclo, que comenzó en 1992, con la personalización y mediatización de la política.
-¿Y qué ciclo se abre ahora?
-Puede ser el retorno al sistema proporcional puro, que quien esté en el centro gana, pero ya ha dominado Italia durante 50 años. Es más fácil que llegue un sistema francés: dos partidos de un lado, dos de otro.
-¿Cómo explica el éxito de Berlusconi en este ciclo?
-Berlusconi se subió a una ola, que creó Craxi, una secuencia de cinco puntos para cambiar la política. Uno, más poder de decisión que, dos, necesita una verticalización del poder. Tres, para eso hace falta personalizar el poder. Cuatro, para eso hay que mediatizar la política, con prensa y televisión. Quinto, para todo esto hace falta mucho dinero. Esto Craxi lo vio a mitad de los ochenta. Berlusconi lo hizo. Craxi no tenía dinero, y lo buscaba como sabemos.
-Pero el poder de decisión de Berlusconi es ficticio.
-Ya, pero él hace creer que sí, que manda, que decide, hace promesas, aunque no haga nada.
-¿Pero los italianos, aún pican?
-Han comprendido que no es verdad, pero entran en el juego.
Inmovilidad social
-¿Cómo romper las castas, los grupos de poder italianos?
-El mecanismo de la casta es de renta. No hay una casta de empresarios, de financieros, pero allí donde hay un sueldo y una categoría sí: burócratas, políticos, enseñanza... se crea una inmovilidad social. Un profesor que gana 1.300 euros no es una casta, es un pobre hombre. Pero el magistrado, con 7.000 euros, sí es una casta, y el diputado, 10.000, no digamos. Aunque lastran más el sistema 3 millones de funcionarios.
-¿Cómo es posible que este país no se hunda o explote?
-Los italianos han caminado siempre en el filo. Cuando hay una crisis dan lo mejor de sí mismos. Se ponen a pensar, a trabajar, a crear. Pero no puede haber ninguna revolución de masa, porque el problema está en la franja intermedia. En lo alto hay millonarios. Abajo, personas adineradas, comerciantes, artesanos. Quien está en crisis es la clase media, del trabajo fijo, del sueldo, una burguesía que no llega a fin de mes. Pero su sufrimiento no llevará a una explosión colectiva, no irá a la calle.
-Pero cada vez más gente se va.
-Y hace bien. Pero mire dónde va, muchos a España, porque es alegre, activa, funciona, y aquí hay esta tristeza general. El problema de los italianos es que en pocos momentos se han identificado con el país. En el 'Risorgimento' y un poco en el fascismo. Hoy no. La gente se identifica con su casa, con su barrio, con su equipo, hay un particularismo total. Si preguntas si se identifican con Italia dirán que les importa un pimiento, pero que no le toquen su pueblo, que es maravilloso, que se come bien, los amigos, la casa en el mar... Italia es una partida perdida.






