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Mundo

ANÁLISIS
Ciao
13.04.08 -

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Ha dicho Berlusconi que «las mujeres de la izquierda son mucho más guapas que las de la derecha y además superlicenciadas». Tiene razón, a su manera. También en tiempos de Franco las mujeres más bellas militaban en los partidos de ultraderecha, aunque ahora con perspectiva lo dicho resulte una perversión porque sencillamente no existía la izquierda. Bueno, pues en Italia ocurre un poco de lo mismo, salvadas las distancia al tratarse de un país con todo el pedigrí democrático. 'Il Cavaliere' es un rancio. No sólo no está con la discriminación positiva sino que las considera descatalogadas: la mujer con pata quebrada y en casa. Siempre me asombra ver a esas torres de hercúleas féminas, aparentemente seguras de sí mismas, aparentemente despampanantes y aparentemente arrolladoras, aparentemente Sofía Loren, sometidas a un sistema que si no estuviera en Europa se diría musulmán, y si no fuese romano, cavernícola y aún por evolucionar. «No había orgías en Roma. Por eso 'El Satiricón' no describe lo que se hace sino lo que se sueña por hacer. Se fantasea allí como hace un colegial de hoy ante su primera revista pornográfica». Sólo los libertinos hacían el amor de día, revela el arqueólogo e historiador Paul Vayne al referirse a su forma de vida puritana un siglo antes de Cristo. Hoy estamos ante una sociedad confesional más papista que el Papa. El problema no es que en Italia sus políticos sean cavernarios, que también, sino que no han evolucionado sus ciudadanos.

La izquierda amortiza ya el fracaso de Veltroni lamentando que su presentación haya sido prematura, porque está desunida y la mitad del país desconoce su proyecto. Lo que no se dice es que es la tercera vez que los italianos prefieren a Berlusconi y que la última perdió por los pelos y el Gobierno de Prodi que le sucedió ha vivido en perpetuo sobresalto y durado un suspiro. Sin contar su falta de agallas para emprender un proyecto innovador, progresista y separado de la línea de flotación del Vaticano. Ni siquiera se ha sentido con fuerzas para abordar la reforma constitucional que evite a un Gobierno ser deudor de partidos políticos intrascendentes.

Berlusconi vuelve en mal momento, porque lo malo llega siempre a destiempo. Y significa retroceder. Italia lo que necesita no es un septuagenario animador de cruceros, sino un líder cabal y sin miedo, que se separe de la tradicional observancia del chanchullo y dé paso a una idea de sociedad moderna, madura e ilusionada. Argumentaba recientemente un colega su admiración por un país que ha tenido el valor de enviar a la Juventus a segunda división. Asunto fundamental que más que valor encierra un peculiar sentido de lo que realmente importa y qué cosas esenciales inspiran las revoluciones en Italia.
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