
Pasaron una, dos, tres, cuatro y cinco etapas. Y Antón seguía entre los veinte mejores. Pero continuaba montado en el número trece. Uno de sus pies le machacó. Traspié. Un dedo negro. Un bulto. Volcán. Más molestias. Repartidas entre los tendones y el pie. Concierto de pinchazos. Ante la crecida de la articulación, Antón tuvo que abrir una de sus zapatillas con una tijera. Liberar el dedo. Al aire. Así corrió ayer la contrarreloj. «Molesta mucho cuando fuerzo», constataba. También los ligamentos de los talones. «No se ha ido. Ahí sigue el dolor». Hoy no estará en la Klasika Primavera. Cautivo de sus lesiones. Pondrá sus males a remojo.
«Tiene un don»
Ayer ocupó la plaza 27 en la contrarreloj, la que le puso decimotercero en la general final. El trece. Tenía que ser así. La mala suerte de un dorsal afortunado, de un escalador, como dice Igor González de Galdeano, destinado a «hacer cosas grandes». El secretario general del conjunto vasco lo define así: «Tiene un don». Basta con verle subir. A veces, incluso, no se le ve, como en la última etapa de la París-Niza. El relato es de Galdeano: «Había una fuga de más de treinta corredores y no habíamos metido a nadie. Cuando llegó un puerto le dije a Antón que saliera, que a por ellos. Los cogió y los dejó atrás. Luego, cuando conectó la televisión, ya estaba con Cunego. Les cogieron y la etapa fue para otros». Pero en el aire de Niza quedó colgada esa escena sin 'tele'. Riman: don y Antón.
«Como equipo hemos hecho una gran vuelta. Hemos estado en todas las peleas. Todos los días en las escapadas. Egoi (Martínez) ha ganado la montaña. Y Mikel (Astarloza) ha estado con opciones hasta el último día. Y yo he podido acabar la carrera. Me he visto con los mejores, en Deskarga, en Aia. No lo esperaba después de venir casi sin entrenarme», resumió el ciclista de Galdakao. Para él, el trece pone un buen final a un mes de mala suerte.






