
ESTUDIANTES ENFERMOS
Once pequeños de entre 8 y 12 años reciben asistencia terapéutica en la actualidad en Vizcaya. Lo hacen en el antiguo colegio de Formación Profesional de Ortuella, que en septiembre recogió el testigo del trabajo realizado con éxito durante siete años en el centro experimental de La Ola. Dentro de poco la cifra de alumnos «aumentará a quince», mientras se dan pasos para ampliar la edad de los escolares hasta la conclusión de la enseñanza obligatoria a los 16 años. En Guipúzcoa y Álava el plan acaba de echar a andar, si bien se prevé menor demanda que en el territorio vizcaíno.
Lo cierto es que las enfermedades emocionales en edad escolar han aumentado en los últimos años. De los 9.768 alumnos vascos con necesidades educativas especiales, el 16,83% presenta patologías ligadas a la salud mental. Campos lo atribuye al cambio experimentado por la sociedad. Por ello, la consejería que dirige aprobó un decreto el 26 de diciembre de 2006 para garantizar el derecho a la educación de los menores con problemas emocionales a través de los centros territoriales. A su vez, la normativa unificó los servicios de atención hospitalaria, domiciliaria y terapéutico-educativa que se presta a los afectados. Osakidetza y los servicios sociales municipales colaboran en los programas.
Labor de refuerzo
Más de un centenar de profesionales participan en las distintas iniciativas relacionadas con la integración de los niños y adolescentes con trastornos mentales. Hace quince años que se habilitaron aulas en los hospitales para estos enfermos, un sistema al que poco después se unió la atención a domicilio. En ambos casos se trata de problemas de fuerza mayor que impiden a los chavales asistir a clase en un plazo de tiempo superior a un mes. Los centros terapéutico-educativos, en cambio, nacen con el objetivo de convertirse en un refuerzo a los escolares con problemas de ese tipo.
Los alumnos no van a romper «en ningún caso» sus lazos con el colegio en el que estudiaban. Es más, los educadores tienen como misión «su reincorporación plena al centro ordinario», según destacó la directora de las nuevas instalaciones de Ortuella, Arantza Etxebarria. Un equipo de doce personas se encarga de que todo se desarrolle de manera correcta en el equipamiento de la Avenida del Minero; entre otros, cuentan con cuatro docentes, un psiquiatra, un psicólogo y un logopeda.






