DOS SEMANAS DIFÍCILES
El propio embajador chino, Zhou Wenzhong, voló a San Francisco para reunirse con su alcalde y asegurarse de su grado de compromiso. Gavin Newsom sacará hoy a toda la Policía, con agentes que correrán junto a los deportistas y trabajarán con los servicios secretos y el Ejecutivo federal para protegerlos. El itinerario se ha reducido de ocho a seis millas y las ceremonias de apertura y cierre han quedado limitadas a veinte minutos.
Nada de eso impedirá que los manifestantes saquen a la calle las protestas contra la represión perpetrada por China en Tíbet o su apoyo a los gobiernos de Darfur y Birmania. Grupos como Students for a Free Tíbet y Save Darfur se reunirán con monjes budistas e incluso actores de Hollywood con la promesa de llevar a cabo «actos pacíficos de desobediencia civil».
Golden Gate
Los primeros empezaron el lunes -madrugada de ayer en España-, cuando tres jóvenes se subieron al puente del Golden Gate para colgar una pancarta en apoyo a la independencia de Tíbet. Aguantaron la presión durante más de tres horas, tiempo que el gigante permaneció cortado, bloqueando el tráfico de salida y entrada a la ciudad en hora punta de la mañana.
Anoche eran el actor Richard Gere, el laureado arzobispo Desmond Tutu y algunos líderes tibetanos los que encabezaban la vigilia por los derechos humanos que sembró de velas la Plaza de Naciones Unidas en la ciudad.
Sus peticiones han encontrado eco en los líderes políticos. La congresista por San Francisco Nancy Pelosi, portavoz de la mayoría demócrata en el Congreso, ha pedido que Estados Unidos boicotee la ceremonia de apertura en Pekín e incluso ha introducido una resolución de condena.
Hillary Clinton
La más activa ha sido, sin embargo, la senadora y candidata a la Casa Blanca Hillary Clinton, que acusó en un comunicado al Gobierno de George W. Bush de haber quitado hierro a las violaciones de los derechos humanos de China. «En este momento, y a la luz de los recientes acontecimientos, Bush no debería hacer planes para participar en la ceremonia de inauguración, a no ser que se produzcan cambios mayores en el Ejecutivo chino», señaló.
Pese a todo, la portavoz de la Casa Blanca Dana Perino ha sido tajante. «Pueden pedir lo que quieran, pero la posición del presidente es clara: éste es un evento deportivo para los atletas. La presión a China debe producirse antes, durante y después de las Olimpiadas», dijo.







