
Ahora, dice, «Enrique viene al equipo de fútbol y nosotros tenemos que traducirle lo que dice el entrenador». Todos los compañeros están de acuerdo en que aprender este lenguaje «es muy útil: tenemos que aprovechar al máximo las clases porque nos puede servir para comunicarnos con mucha gente en el futuro». Estela sólo tiene una queja: «media hora a la semana es muy poco tiempo para aprenderlo».
En cierta ocasión, cuentan, un profesor novato reparó extrañado en los gestos que proliferaban en pleno examen entre los estudiantes. Cuando una maestra veterana observó lo que ocurría, se acercó a los alumnos y les susurró: «¿ojito!, que yo sí conozco vuestro secreto». ¿Utilizaban el lenguaje de signos para pasarse las respuestas!






