
Hora y media después, José Luis Rodríguez Zapatero aparecía ante los periodistas en Bucarest. En el marco de la cumbre de la OTAN, el presidente del Gobierno en funciones habló de diversos temas. Mencionó el posible trasvase de agua para Cataluña, la huelga de funcionarios, su investidura y también la situación de Mondragón. Calificó de «paso positivo» lo dicho por Urkullu, pero también recalcó que «no es el último que se tiene que producir». Si López había apostado por la necesidad de un cambio en el Consistorio por razones «éticas y democráticas», Zapatero exigió un «cambio democrático y ético».
Fueron dos discursos casi calcados. Y no por casualidad. Fuentes del Partido Socialista en Euskadi y Madrid señalan que en las horas previas a estas dos intervenciones, destacados dirigentes del PSE-EE estuvieron en contacto directo con los principales asesores del jefe del Ejecutivo. El objetivo era trasladar un mensaje unívoco, buscar «la máxima coordinación» para evitar desajustes a la hora de responder al PNV. Lo sucedido hace cinco días es sólo un ejemplo de la estrategia diseñada por el PSE y el PSOE en su conjunto para afrontar los próximos meses y, sobre todo, la convocatoria de las elecciones autonómicas, ya sean en octubre o abril. «En lo referido a Euskadi, nos consultan todo», indica un integrante de la dirección vasca.
Los resultados obtenidos el pasado 9 de marzo por los socialistas en Euskadi han avivado en esta formación la esperanza de llegar a Ajuria Enea. Pero no quieren «contratiempos internos». En la memoria está lo sucedido en Cataluña. Las discrepancias públicas que día sí día mantienen la cúpula liderada por José Montilla y Ferraz son consideradas «el ejemplo a no seguir» por parte del PSE. «Si tenemos que discutir, lo haremos en privado; pero para después lanzar un único mensaje».
En su intento por desbancar a Juan José Ibarretxe de la Lehendakaritza, la formación de Patxi López tiene que solventar un obstáculo importante. Zapatero, tanto por convicción como por necesidad, siempre se ha mostrado favorable a mantener una buena relación con el PNV. Durante la pasada legislatura, los siete escaños jeltzales en Madrid resultaron un apoyo determinante para el líder del PSOE. A esto se unió la química existente con Josu Jon Imaz.
Dos circunstancias que condicionaron la labor del PSE. La negativa a que Juan María Atu-txa revalidase su cargo como presidente del Parlamento o la aprobación de los Presupuestos de Ibarretxe pusieron a prueba la capacidad de los socialistas vascos, Ferraz y La Moncloa para solventar las discrepancias sin grandes estridencias. Además, en las filas del PSE siempre ha existido el temor de que Sabin Etxea les «puentee» para negociar de manera directa con Madrid.
Limar asperezas
A suavizar todos los problemas ayudó el convencimiento por parte del PSE de que apoyar las Cuentas del Gobierno vasco «no nos viene mal. Todas las encuestas señalan que la sociedad lo ve bien. Además, la relación entre Patxi y Josu Jon también es excelente», afirma un miembro del partido. Los intereses coincidían. Tanto desde Madrid como desde Euskadi comenzó a emitirse un doble mensaje: «parar los pies a Ibarretxe pero buscando acuerdos con el PNV».
Pero lo que sirvió para limar casi todas las asperezas fue el proceso de paz. A pesar del fracaso de las conversaciones, desde el PSOE se admite que Zapatero valoró la «lealtad» de los socialistas vascos «en un tema muy sensible». Y llegó el 9 de marzo. Nueve diputados y victoria sobre el PNV en los tres territorios. Un buen escenario que los socialistas no quieren que se complique «por cuestiones internas». O lo que es lo mismo, evitar que haya desautorizaciones.
Aun así, el principal escollo sigue siendo la relación con el PNV. Sin embargo, según el PSE, el escenario es «diferente». El «desafío» planteado por Ibarretxe con su consulta y la marcha de Imaz han modificado la situación. Un PNV más radical obliga a Zapatero a marcar distancias, lo que otorga mayor autonomía al PSE. A esto hay que sumar otros dos factores. Por un lado, aunque la relación del jefe del Ejecutivo con Urkullu no es mala, «no es la misma que tenía con Imaz».
Además, el nuevo gobierno socialista quiere trasladar la imagen de que, a pesar de su situación de minoría en el Congreso, no está dispuesto a permanecer a merced de los nacionalistas, por lo que los socialistas vascos están convencidos de que Zapatero no hará ningún gesto que pueda ser interpretado como una cesión a Ibarretxe. Por lo menos hasta las autonómicas. «Habrá que hacer algún equilibrio para mantener una buena relación con el PNV, pero estoy seguro de que José Luis no va a hipotecar nuestras aspiraciones», resalta un miembro del PSE.
d.guadilla@diario-elcorreo.com






