
Apenas 45 kilómetros separan las eras de Ezcaray de las soleras de Salas de los Infantes. Lo demostró el sigiloso vuelo de la expedición que impulsó la entidad jarrera este fin de semana y que integraban tres globos pilotados por Óscar e Iván Ayala y el baracaldés Félix Santa Coloma.
Por carretera, comprobaron los rescates que dieron apoyo a las tres aeronaves, ni se disfruta del magnífico espectáculo que muestra la tierra a las aves que surcan sus cielos, ni resultan tan plácidos los trayectos, ni se recorre con parsimonia un tramo tan corto.
A todos ellos les demostró el flujo circulatorio de las carreteras nacionales, la visión es plana, sin perspectiva casi, y se complica con el control de los mandos del vehículo y la persistente presencia de otros automóviles que tratan de acortar tiempos y distancias.
Las corrientes de aire que circulan en diferente sentido, según las capas de altitud que se sondean, repartieron el aterrizaje de los tres en un radio de tres kilómetros, en el epicentro de Barbadillo del Mercado, pero en todos los casos a una velocidad de tres kilómetros por hora (a 4.000 metros se rozaban los treinta) que convirtieron la toma de tierra en una caricia imposible.






