
De hecho, el duelo entre Contador y Evans estaba fijado para la próxima Grande Boucle. Pues no. Se ha adelantado a la Vuelta al País Vasco que parte hoy desde Legazpia. La ronda vasca, incluida en el calendario UCI Pro Tour, crece con ese efecto colateral del veto francés al Astana. Contador y Evans están a punto. Se ha visto en la Vuelta a Castilla-León (ganó el madrileño) y en la París-Niza (el australiano se impuso en la cima del Mont Ventoux).
Mezclados, los dos componen la fórmula para la emoción: Contador es un escalador agresivo capaz de ganar etapas contrarrelojs. Evans es un contrarrelojista con una casi infinita capacidad de sufrimiento en la montaña. Uno ataca; otro defiende. Se complementan bien en el ring. Pero no estarán solos. La Vuelta al País Vasco estará copada de aspirantes.
A tope de candidatos
El Saunier Duval ha ganado las dos últimas ediciones. Viene sin Cobo, pero con Marchante, Ricco, De la Fuente, Piepoli, Camaño e Intxausti. A elegir. Al Euskaltel-Euskadi le faltarán Samuel Sánchez y Haimar Zubeldia, pero alineará la mejor versión de Astarloza y la clase de Antón -tomará la salida pese a sus molestias en el talón de Aquiles-.
Hay más, mucho más. El CSC de Sastre, Cuesta, Julich y los hermanos Schleck; el Rabobank de Dekker y Gesink; el Gerolsteiner de Rebellin y Schumacher; el Caisse d'Epargne de León Sánchez y David López; el Lampre de Cunego y Vila; el Quick Step de Garate y Barredo... Más corredores como Popovych, Beltrán, Efinfim, Herrero... Entre todos completan un puzzle digno de Tour, como el reencuentro entre Contador y Evans.
Desde aquel 23 de julio del último Tour el ciclismo ha sido un campo minado. El Tour, la Vuelta y el Giro han abandonado el UCI Pro Tour, es decir, han iniciado un camino opuesto al que impone la Unión Ciclista Internacional (UCI). Los equipos y los corredores, siempre insolidarios, hacen de saco para los golpes. «Es un deporte suicida», definió con tino Moreau. 2007 tuvo un final calamitoso, con la escopeta imaginaria de Bettini disparando al aire del Mundial de Alemania. A tiros: la imagen real de este gremio.
Si 2007 concluyó con el veto de la organización del Mundial a una leyenda como Eddy Merckx, 2008 trajo el pasaporte biológico. La gran lupa contra el dopaje. La forma indirecta de saber si alguien hace trampa. Panacea. Sin embargo, la Agencia Mundial Antidopaje, acaba de apartarse de ese proyecto. La UCI lo sostiene con el respaldo -es la única cuestión que les une- del Tour. Hará falta un pasaporte en regla para estar en el prólogo de Brest.
Mientras llega ese Tour con pasaporte y sin número uno, sin Contador, el ciclismo se entretiene con sus líos: como la visita de los 'vampiros' controladores al crematorio donde Kevin van Impe velaba las cenizas de su bebé recién fallecido. O como la difusión por parte de la UCI de que uno de cada cinco participantes del pasado Tour recurrió a métodos prohibidos. Y mientras pasa el tiempo hasta otro mes de julio, la Vuelta al País Vasco recupera por seis días lo mejor de este deporte: 835 kilómetros, 25 puertos, cunetas abarrotadas y duelos como el de Contador y Evans. El Tour que no se verá este año.






