Ayer pudo expresar su lamento en el homenaje que la Cámara de Vitoria rendía a su marido trece años después de cometerse el crimen. Frente a ella estaban sentados representantes de las instituciones vascas y de los partidos, a excepción de EHAK. En las primeras filas, quedaron dirigentes como Íñigo Urkullu y Joseba Egibar, del PNV, y Unai Ziarreta, de EA, además de consejeros como Joseba Azkarraga y Javier Balza. No acudió al acto el lehendakari, Juan José Ibarretxe.
Iribar, presidenta de la fundación que lleva el nombre de su marido y que en anteriores ocasiones ya ha censurado la conducta del Ejecutivo autónomo, destapó una placa en recuerdo de quien fuera parlamentario y concejal en San Sebastián. El distintivo permanecerá junto al que se colocó en el año 2000 en memoria del socialista Fernando Buesa. Acompañada de su cuñada Consuelo Ordóñez, destacada representante de la asociación de víctimas vascas Covite, agradeció el gesto a la presidenta de la Cámara de Vitoria, Izaskun Bilbao, pero mostró su «dolor» por su tardanza.
Un retraso que, en su opinión, obedece a «la falta de sensibilidad, sinceridad, credibilidad y un compromiso auténtico para estar del lado de las víctimas de ETA y de sus derechos por parte del Gobierno vasco y del PNV». La viuda de Ordóñez rebajó el valor del homenaje que se rendía ayer a su esposo al entender que debía ir acompañado de otros gestos. Y puso como ejemplo la polémica en torno a la moción de censura de Mondragón.
Para Iribar, el homenaje habría cobrado un mayor sentido si «el PNV hubiera accedido a desalojar de Mondragón a ANV». «Esta placa -prosiguió- sólo tendrá sentido cuando el PNV o cualquier otra fuerza política con responsabilidad de gobierno asuma como primer compromiso derrotar a ETA en todos sus frentes. No es suficiente la condena, es necesario estar a la altura de las exigencias democráticas en cada momento». En la misma línea, exigió a la formación de Urkullu que «rompa» los acuerdos suscritos a nivel local con quienes «encubren, alientan y participan bajo las siglas que sean de los objetivos de ETA y del tiro en la nuca». Estos partidos radicales constituyen, a su juicio, «aparatos terroristas» que cumplen una función «no del pasado», sino «del presente».
Reconocimiento
En un tono duro pero sereno, la esposa de Ordóñez instó también al cambio de nombre de aquellas calles dedicadas a militantes de ETA y a que se prohíban todos los homenajes «vergonzosos e indecentes» a presos y miembros de la banda. Mientras esto no se produzca, la placa en recuerdo de su marido «será un simple pedazo de bronce sin valor alguno, el símbolo de una herida abierta que no deja de sangrar».
La intervención de Iribar, que se cerró con una fuerte ovación por parte de los dirigentes del PP y, en menor medida, del PSE -los miembros de PNV y EA apenas aplaudieron- llegó después del discurso de la presidenta del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao. La máxima responsable de la Cámara reconoció su pesar por que el homenaje no se hubiera celebrado antes y quiso ensalzar la figura de Gregorio Ordóñez, de quien dijo que debe ser recordado como una persona «digna del más alto reconocimiento». El dirigente del PP, recalcó, fue asesinado de un tiro en la nuca mientras comía en un bar de la Parte Vieja donostiarra «por pensar de una manera determinada».
Bilbao alabó el trabajo del político popular y destacó cómo transmitió sus ideales «con valor y normalidad». «Su esfuerzo -dijo-, su forma de ser, su ejercicio institucional nos acostumbró a convivir con la pulsión de los vascos que se sienten españoles, ofreció esperanza y referencias a quienes así se perciben y nos hizo más conscientes de nuestra pluralidad como sociedad».
En este sentido, se mostró convencida de que «trece años después» del atentado «sus asesinos acumulan fracasos» y han sido «condenados». «Las ideas que quisieron eliminar matando a Goyo no han desaparecido. Por el contrario aquí eran seis escaños (del PP) cuando él llegó y hoy son quince», recalcó.






