
Aún así, lo demás no va tan rápido. Esto es Italia y las crónicas del día de su elección empezaban describiendo cómo iba vestida. Una información decisiva para los mercados: eligió «un 'look' Made in Italy pero con un toque francés», «sobrio, pero no monacal», traje de Dolce & Gabanna, botas de Prada y bolso de Chanel. «En los cócteles debería preferir los vestidos rectos, con escotes equilibrados», apuntó el estilista Lorenzo Riva. «Es un toque de color en un momento difícil», reflexionó Mario Moretti, dueño de los zapatos Geox. Al revés que en su infancia, Marcegaglia deberá emplearse a fondo en que no le traten a ella como una muñeca.
Matices aparte, las 126.590 empresas que agrupa la patronal la han tomado muy en serio. Además de ser la primera mujer en el cargo, es el presidente más joven (43 años) y ha obtenido el mayor consenso registrado nunca, un 99,2% de los votos, 126 de 132 posibles. La tarea que asumirá es peliaguda. La resumió bastante bien su predecesor, Luca Cordero de Montezemolo, presidente de Fiat, al felicitarle con un ramo de rosas rojas: «Sin sudor y lágrimas Italia corre seriamente el riesgo de convertirse en un país irrelevante en la economía mundial».
Marcegaglia se pone al frente de los empresarios italianos sin saber con qué Gobierno le tocará lidiar -las elecciones son el 14 de abril-, consciente de que, salga el que salga, tampoco se puede esperar mucho y perfectamente al corriente de la desastrosa situación económica de su país. Al margen de lo que pueda empeorar con la crisis en EE UU, el crecimiento es casi nulo, hay una emergencia salarial, está en marcha una reforma de los contratos -con una ruptura provisional de las negociaciones- y la siniestralidad laboral es una epidemia. A Marcegaglia no se le conocen afinidades políticas y su elección unánime marca una reconciliación en la patronal, dividida agriamente en la campaña electoral de hace dos años entre una dirección crítica con Berlusconi y un núcleo duro de empresarios del norte que se identifican con él.
El secuestro del padre
Estos son los desafíos que le esperan a 'Lady Acero', o 'la Señora del Acero', como se la conoce por su oficio, que no por sus formas. Nacida en Mantova en 1965, es la hija menor de Steno Marcegaglia, uno de esos empresarios italianos del norte con sentido familiar, tesón profesional y olfato para los negocios. Empezó en 1959 con un taller de 120 metros cuadrados y hoy factura 4.000 millones de euros, tiene 6.500 empleados y 50 fábricas en Italia y otros países. Marcegaglia es el décimo grupo industrial italiano, líder mundial de la transformación de acero. Pero los Marcegaglia se definen «empresarios pobres de una empresa rica».
Steno, el padre, fue secuestrado en Calabria, se liberó él solo y cuando volvió a casa lo primero que hizo fue convocar una reunión de negocios. Emma, tras licenciarse en la Bocconi, la prestigiosa univerdad milanesa, hizo un master en Business Administration en la New York University. Luego, a currar. Hoy es consejera delegada del grupo junto a su hermano.
Suele volar en clase turista y no se sabe gran cosa de su vida privada, salvo que juega bien al tenis y al parecer colecciona relojes antiguos. Sin embargo, su trayectoria ha sido visible. Fue presidenta de los jóvenes empresarios con 31 años, algo que ya fue un récord. Siempre en línea de los análisis financieros, entonces se hablaba de sus minifaldas «vertiginosas» y a veces se le recuerda un baile desenfrenado sobre unas mesas en una fiesta de Capri, algo de lo que avergüenza entre risas en las entrevistas. Casada con un ingeniero, tuvo una hija, Gaia, en 2003. Preside una fundación médica de inspiración católica y se ha distinguido en la batalla por las células madre y la donación de cordones umbilicales.
Pero por encima de su perfil personal, es indudable que Marcegaglia es un símbolo. «Dos tercios de las empresas italianas están compuestas por mujeres, pero por desgracia todavía nos maravillamos cuando nos enteramos que una se convierte en jefe, hace falta más 'meritocracia'», dice Laura Frati Gucci, presidenta de Aidda, la asociación de empresarias italiana.
En la clasificación del año pasado de las mujeres más influyentes del mundo, publicada por la revista 'Forbes', sólo hay dos italianas: Marina Berlusconi, puesto 33, y Giuliana Benneton, en el 91. Pero hay muchas otras en la sombra, y acaban de dar un gran paso.






