La iniciativa cuenta ya con el respaldo «firme» del vicepresidente para Asuntos Económicos en funciones, Pedro Solbes, y permitiría crear una compañía con una posición de liderazgo en tres sus vectores claves: la generación eléctrica convencional, el incipiente mercado de las renovables y la distribución de gas natural. Al tiempo, contribuiría definitivamente a organizar un «accionariado estable» en una empresa y en un sector estratégico.
«Aunque se sabe del respaldo de Solbes -apuntaron ayer fuentes cercanas al proyecto-, es necesario conocer la estructura definitiva del Ejecutivo, saber qué sucede con el área de Energía e incluso quién ocupa la oficina económica de La Moncloa para hacer una presentación formal del proyecto al Gobierno».
Negociación en marcha
La operación -añadieron los mismos medios- tiene aún numerosos detalles financieros e industriales sobre los que se está trabajando debido al gran número de actores que deben entrar en juego y a las diferencias de valoración. En estos momentos, Iberdrola vale en Bolsa casi cinco veces más que Gas Natural, por lo que no se descarta que Repsol -que controla más del 30% del capital de la firma gasista- entre en liza no sólo como accionista de referencia, sino también aportando algunos activos. El objetivo último es diseñar un modelo que permita hablar de «acuerdo de fusión» y no de «absorción» de Gas Natural por parte dela eléctrica vasca.
En lo que sí existe un consenso muy avanzado, apuntan las fuentes consultadas, es en los grandes rasgos de la fotografía final del proceso. Entre ellos, que La Caixa, accionista de referencia de Gas Natural -también de Repsol-, pasaría a serlo también en la nueva compañía. Un detalle que se acepta de buen grado en la BBK -el principal estandarte vasco de la eléctrica-, ya que ese modelo industrial cuenta con el respaldo de la caja que preside Xabier de Irala y, además, la sede social del grupo seguiría en Bilbao.
Tampoco hay discusiones sobre la dirección ejecutiva de la nueva empresa: está garantizado el mantenimiento en la presidencia, con plenos poderes, de Ignacio Sánchez Galán. El máximo responsable de Iberdrola se ha ganado fama de gestor eficaz y ha sabido jugar sus cartas de forma muy inteligente desde que se hicieran públicas las conversaciones entre ACS -primer accionista de la compañía- y EDF para asumir el control de la eléctrica. «En vez de salir al mercado a buscar un competidor para esa OPA -apuntan algunos observadores- ha sabido remar en la línea que le pedía Solbes y también algunos accionistas destacados, como la BBK, para buscar la alianza con Gas Natural y Repsol».
Una de las claves de este proyecto es dar una salida airosa a ACS -controla en torno al 13% de Iberdrola-, cuyo presidente, Florentino Pérez, ha sido el principal instigador de los movimientos accionariales. La operación también pasa por ofrecer otra solución de similar calibre a EDF. El objetivo es no dañar las buenas relaciones que mantienen los gobiernos francés y español y también apuntalar el compromiso asumido personalmente por Zapatero ante el presidente Nicolas Sarkozy de facilitar la entrada de la firma gala en el mercado español.
El problema de Florentino
En ese diseño final sobre el que se trabaja, ACS vendería su participación en Iberdrola -previsiblemente a Gas Natural y con carácter previo a la fusión-, lo que le permitiría obtener unas cuantiosas plusvalías. De forma simultánea, ese movimiento relajaría uno de los principales problemas que pasan en estos momentos por la cabeza de Florentino Pérez: el elevado endeudamiento de ACS en un momento de estrechez del crédito y de desaceleración del sector de la construcción, el corazón de su negocio. Para caminar hacia el 'cierre del círculo', ACS debería vender también una parte de sus acciones de Fenosa -la eléctrica gallega de la que es socio mayoritario- a EDF o bien 'ceder el paso' a la eléctrica gala en una ampliación de capital. Y, para completar definitivamente la imagen, el Gobierno estaría dispuesto a favorecer que sea Fenosa, ya con EDF dentro, quien adquiriera los importantes activos de generación y distribución de los que se tendrían que desprender tanto Iberdrola como Gas Natural para evitar una excesiva concentración.
La hipótesis de fusión de Iberdrola y Gas Natural no es un escenario nuevo, ya que los intentos de 'matrimonio' han sido varios; hasta ahora, todos fracasados. Sí han tenido un denominador común, incluso en la nueva iniciativa: los grandes movimientos siempre se han registrado en primavera. El más contundente se produjo en abril de 2003, cuando Gas Natural decidió presentar una OPA sobre la eléctrica vasca que desbarató la Comisión Nacional de la Energía al entender, en términos coloquiales, que cuando un pez chico pretende comerse a uno grande puede fallecer por indigestión. Y eso, en un sector estratégico, pasa a ser un problema de Estado. Un nuevo intento, aunque mantenido siempre en secreto, se esbozó también en la primavera de 2007, pero La Caixa decidió no seguir adelante al no contar con un respaldo decidido y claro del Gobierno.






