Siete piezas hizo la tropa calé, media docena de artistas con tres apellidados Gabarri (que serían primos). Abrieron dos guitarristas y dos cantaores, con rostros duros y oleaginosos de recolectores olivareros, marcándose cantes sentidos, gitanos, naturales y nada finolis en una pura demostración del soporte seguro que tuvieron Carmela Greco, gustándose costumbrista, con sonrisas, abanicos y suelas reforzadas para el zapateado, y el juvenil y físico Curro Vargas, torero y desafiante, dando unos zapatazos que parecían morterazos, hasta el punto que se cayó del telón de foro una toquilla de adorno por la vibración, olé.






