
La ley islámica, conocida como 'sharia', es el sistema legal del islam. Deriva del Corán y de la vida del profeta Mahoma y ayuda a los musulmanes a entender cómo deben vivir. Aunque pueda sorprender, en muchos países del mundo que no son musulmanes, como Inglaterra o España, hay ya tribunales islámicos que tratan temas relacionados con la familia -disputas que pueden solucionarse hablando entre las partes con un intermediario- y con los negocios. La banca islámica también se ha hecho un hueco en el centro financiero de Londres e incluso algunos bancos como el Lloyds ofrecen hipotecas para musulmanes. Y es que el islam prohíbe los intereses porque defiende que es un dinero ganado de manera injusta.
Castigo corporal
Ningún país occidental la ha adoptado por completo, pero Canadá estuvo a punto. Pero, si ya se aplica dentro y fuera de Reino Unido, ¿por qué tantos se han tirado de los pelos ante las declaraciones del arzobispo inglés? La 'sharia' tiene muy mala prensa en Occidente porque se identifica con prácticas como la decapitación defendida por Arabia Saudí u otros castigos, aunque algunos defienden que no es peor que la pena de muerte que se aplica en Estados Unidos.
Sin embargo, algunos estudiosos del islam aseguran que aunque la 'sharia' contempla el castigo corporal, es muy difícil que se llegue hasta ese punto. Incluso, el pensador musulmán más reconocido en Europa en la actualidad, Tariq Ramadan, ha pedido «una moratoria» de este tipo de castigos en el mundo musulmán.
A algunos les ha llamado la atención que el Gobierno británico, defensor de la integración de todas las religiones en la sociedad, haya reaccionado defendiendo tajantemente que «las leyes deben estar basadas en valores británicos». Pero la era de Tony Blair, en la que se hablaba más de diversidad, ha pasado desde que Gordon Brown llegó al poder. Entre las propuestas del primer ministro se encuentran un lema nacional, que la bandera hondee en más puntos del país, e incluso trabaja en la redacción de una Declaración de Derechos británica. Para Brown, las palabras del arzobispo entorpecen su plan.






