
Pero a pesar de su esfuerzos, el discurso ofrecido la madrugada del martes ante las dos cámaras del Congreso apenas levantó expectación entre los republicanos, más preocupados por las encuestas que dan casi como seguro el triunfo demócrata en noviembre. En estos momentos, los conservadores hablan mucho más de la presidencia de Ronald Reagan que del actual ocupante de la Casa Blanca. Y no digamos entre el partido adversario, cuyo integrantes sólo se refieren a Bush con desdén en un intento de explotar el descontento para sumar votos. Incluso la prensa no ahorró críticas, al tachar las propuestas de «modestas», «vacías» y de una «pequeña distracción» de la campaña electoral.
El otrora optimista presidente tuvo que reconocer desde la tribuna que el país afronta «un periodo de incertidumbre», al aumentar los precios de los combustibles y la alimentación, al tiempo que el mercado inmobiliario atraviesa asimismo una grave crisis. Unas perspectivas no muy halagüeñas en el año de su despedida. Por ello, pidió a los legisladores que aprueben sin demora el plan de estímulo acordado la semana pasada por valor de más de cien mil millones de euros. El paquete consiste en rebajas tributarias de entre 200 y 400 euros para la mayoría de los estadounidenses, así como un recorte de impuestos de 34.000 millones para las empresas.
«A largo plazo, los estadounidenses pueden estar confiados en nuestro crecimiento económico, pero a corto todos podemos ver que está disminuyendo», dijo Bush, quien nunca antes había hablado tanto de la economía en su discurso sobre el estado de la Unión.
Pero el político texano no estaba dispuesto a que todo fueran malas noticias. Por eso sacó pecho a aludir a la lucha contra el terrorismo y al despliegue en Irak, temas que centraron otra buena parte de su intervención. Respecto al país mesopotámico defendió la escalada de tropas de enero de 2007 que, según dijo, ha permitido lograr «resultados inimaginables hace un año». «Algunos pueden negarlo, pero entre los terroristas no hay dudas. Al-Qaida está en retirada y será derrotada», dijo el inquilino de la Casa Blanca .
Qué distinta situación a la de hace un año, cuando en su intervención Bush se hallaba a la defensiva, con Irak al borde de una guerra civil y los demócratas exultantes por su conquista del Congreso y determinados a forzar una salida de las tropas. En este sentido, el presidente dio una de cal y otra de arena a los militares al asegurar que van a regresar más de 20.000, para subrayar de inmediato que «cualquier reducción extra estará condicionada por la situación en Irak y las recomendaciones de nuestros comandantes». Sí explicó que dos unidades han vuelto a casa sin ser reemplazadas y que en breve regresarán seis más.
Éxitos militares
Respecto a Afganistán, EE UU enviará 3.200 marines extra para continuar los «éxitos» de su operación. Sin embargo, en todo su discurso Bush evitó hablar de lo que están costando las campañas militares y sólo incidió en los logros de la lucha. «Desde el 11-S hemos combatido a los extremistas. Seguiremos en la ofensiva, mantendremos la presión, y aplicaremos la justicia a los enemigos de EE UU», insistió. Pero a nadie se le oculta que desde los ataques a Nueva York y Washington en 2001, el Congreso ha autorizado gastos bélicos por 473.000 millones de euros, de los que unos 300.000 se han invertido en Irak.
En el repaso de los peligros que acechan no podía faltar Irán, al que el líder republicano lanzó una enérgica advertencia. «Sepan esto: Estados Unidos hará frente a quienes amenacen a nuestras tropas, defenderemos a nuestros aliados y protegeremos nuestros intereses vitales en el Pérsico», clamó. Y a los dirigentes de Teherán les espetó: «Suspended la opresión en vuestro país y dejad de apoyar al terrorismo en el extranjero».







