
Esta semana, en las pruebas de carga, han descubierto que la pasarela ha cedido un centímetro. No pasa nada, se puede deslizar hasta cuatro centímetros, el límite a partir del cual hay que preocuparse. Sin embargo, tal posibilidad ha llevado al Ayuntamiento a contratar a una empresa que vigilará la estructura con sensores las 24 horas del día durante los próximos cinco años. Coste, 7.000 euros al año, que siguen aumentando la cuenta del proyecto. El responsable de la instalación, Roberto Casarin, ha explicado que se trata de una simple precaución, que estaba prevista y que todo va estupendamente. La oposición municipal, como todas las oposiciones, no hace más que recordar el dinero que está costando. En Bilbao saben algo de eso, pues se han gastado ya en su puente más de 250.000 euros en cambiar losas de vidrio rotas.
No es todo. Nadie más meticuloso y hábil en los negocios que un veneciano, y la primera inspección municipal de las obras sacó el viernes dos fallos: las vallas laterales medían 10 centímetros menos de lo establecido y la pavimentación de los escalones era deficiente, con riesgo de caídas. Dieron 48 horas para arreglarlo bajo la amenaza de secuestro de las obras. Ayer pasaron por allí otra vez y comprobaron que todo había sido resuelto. Pero con este plan no sería raro que surjan nuevos roces. Querían inaugurarlo en el carnaval, pero ha vuelto a posponerse. Lo de este puente no tiene nombre. Ah, ésa es otra: todavía no se lo han puesto.






