-De pequeño, fantaseaba con ser James Bond. Más tarde, en su etapa como periodista, soñaba con llegar a ser editor de The Times. ¿Siempre apuntó tan alto?
-Sí. Siempre quise ser el mejor en algo y siempre me preguntaba: «¿cómo puede ser que alguien llegue a ser mejor que yo en algo?».
-Ni llegó a ser agente secreto, ni se convirtió en Robert Thomson, pero no le ha ido mal. Lleva cien millones de ejemplares vendidos y sus libros se sitúan, de un modo casi automático, en las listas de 'best sellers' de todo el mundo. ¿Consigue usted todo lo que se propone?
-No, ni mucho menos... Ser un escritor 'best seller' es lo único que he logrado. Fui un periodista mediocre, me hubiera gustado ser un gran editor, y tampoco lo conseguí. El éxito me ha llegado como escritor. No lo alcancé en ningún otro campo.
-Pero da la impresión de ser un hombre muy satisfecho de sí mismo.
-No hay ninguna duda de que estoy encantado de cómo me han ido las cosas. La mayoría de los autores sólo logran un 'best seller'. Sin embargo, yo quería repetir el éxito que conseguí con 'El ojo de la aguja'. Y he sido capaz de hacerlo.
-Militante laborista desde los años 70, ¿le tienta el poder?
-Si le soy sincero, no podría trabajar en política. Como usted sabe, mi mujer es parlamentaria laborista y conozco de cerca su trabajo. Yo sería incapaz de hacer depender mi trabajo del consenso y de los acuerdos con terceros.
-¿Se considera un 'champagne socialist', como llaman en Gran Bretaña a los izquierdistas de gustos burgueses?
-Siempre he abrazado el título de 'champagne socialist'. Se supone que es un insulto, pero yo nunca lo he considerado así.
-De hecho, el champán -ya sea Bollinger, Dom Pérignon o Salon- es una constante en la vida de Ken Follett.
-Así es.
El 'papel' de Blair
-¿Es cierto, o forma parte de la leyenda, que se inspiró en Tony Blair a la hora de retratar al malo de su libro?
-Cuando retraté el personaje del prior Goldwin pensé en Tony Blair y en otros muchos políticos de esta índole. Sin embargo, jamás me inspiro en personas reales a la hora de crear mis personajes, ya que ello condicionaría en cierta manera el desarrollo de mis novelas.
-Su libro de mayor éxito hasta el momento ha sido 'Los pilares de la Tierra'. Quince años después de su publicación, se aventura a escribir la segunda parte -'Un mundo sin fin'-, que acaba de salir a la venta en España. ¿Por qué ha esperado tanto tiempo?
-En primer lugar, no quería escribir una novela que pudiera interpretarse como un medio de explotar el éxito cosechado con 'Los pilares de la Tierra' y que desalentara a mis lectores. Tampoco podía narrar otra historia con los mismos personajes -al final de 'Los pilares' o ya eran mayores o habían fallecido- ni sobre la construcción de una catedral, porque sería el mismo libro. Tenía que descubrir algo diferente, con la entidad propia suficiente para sostener la trama de una segunda parte. De lo contrario, hubiera sido un riesgo.
-«Ojalá hubiera conocido el proyecto de restauración de la catedral de Santa María a la hora de escribir 'Los pilares de la Tierra'», aseguró en su primera visita a Vitoria. De no haberlo hecho en 2002, ¿existiría 'Un mundo sin fin'?
-Evidentemente, 'Un mundo sin fin' sería hoy diferente si no hubiera tenido la inspiración de la catedral de Santa María de Vitoria.
-¿Qué fue lo que más le impresionó de este proyecto de restauración abierta y lo que le empujó a escribir la secuela de 'Los pilares'?
-Lo que más me impactó fue la posibilidad de ver las excavaciones llevadas a cabo bajo la cota cero. Aquello me permitió comprender lo que había ocurrido con la catedral de Santa María, el porqué de su deterioro. A partir de ahí, sólo tenía que trasladar esos problemas estructurales al templo de Kingsbridge. Y eso fue lo que hice. Por eso digo que si no hubiera conocido este templo, 'Un mundo sin fin' sería diferente.
-Segundas partes nunca fueron buenas. Convenza a los incrédulos de que 'Un mundo sin fin' es la excepción que confirma la regla.
-He recibido muchos correos electrónicos de mis lectores diciéndome que 'Un mundo sin fin' es tan bueno como 'Los pilares'. Eso ha aliviado mi nerviosismo inicial.
Trama y personajes
-¿Cómo se fabrica un 'best seller'?
-Mi método es muy sencillo: tiene que ocurrir algo en una página que te haga querer pasarla para saber qué ocurre en la siguiente. Ése es mi secreto.
-Construye sus novelas a partir de tres o cuatro historias entrecruzadas, al servicio de un argumento general. ¿Es la trama lo principal en sus novelas o lo es la construcción de los personajes?
-En mi caso, lo fundamental es la trama, pero los personajes son también vitales. Le pondré un ejemplo: a nadie le preocuparía una pelea si no estuviera interesado en sus protagonistas. Por este motivo, rara vez funciona el relato de una pelea al comienzo de un libro porque los personajes no son todavía conocidos y da igual quién gane. Ésta fue una de las primeras lecciones que aprendí a la hora de escribir novelas. Trama y personajes van unidos, pero en la clase de libros que escribe Ken Follett lo que impulsa la novela es el argumento.
-¿Y en qué lugar queda la investigación documental?
-Es importante porque, por un lado, fomenta tu inspiración. Además, tampoco hay que olvidar que en toda novela histórica los hechos que se narran deben ser precisos. Conocer los hechos confiere confianza al escritor para echar a volar su imaginación, pero siempre desde la realidad y el conocimiento. De lo contrario, el lector descubrirá su ignorancia.
-¿Qué tienen las catedrales de la Edad Media que tanto le fascinan?
-Me llama mucho la atención, hasta el punto de emocionarme, ese contraste que existe entre la grandeza y la hermosura de las catedrales medievales y la vida de inanición, pobreza y suciedad que les tocó vivir a los ciudadanos de aquella época.
-¿Cree usted que las novelas históricas ayudan a comprender la historia?
-Absolutamente. De hecho, para muchas personas es la única manera de entender la historia.
Vuelta al siglo XX
-¿Alumbrada la segunda parte de 'Los pilares...', para cuándo la tercera?
-Me he pasado tres años viviendo en la Edad Media y me merezco un cambio. De hecho, el libro que estoy escribiendo ahora se desarrolla en el siglo XX. Pero estoy seguro de que algún día regresaré para escribir esa tercera parte.
-¿Le gustaría leer su nombre en los títulos de crédito de una superproducción al estilo Hollywood?
-Estaría encantado. Muchos de mis libros se han convertido en series televisivas, así que si me hicieran una oferta para llevar alguno de ellos al cine, diría que sí. Sin embargo, hoy por hoy, la mejor manera de que tu libro entre en Hollywood es ir a la frontera de California y arrojarlo lo más lejos que puedas.
-Esta misma tarde destapará la escultura que la Fundación Catedral Santa María le ha dedicado por «su labor por Vitoria». En los últimos días, han surgido algunas voces críticas que aseguran que usted no la merece. ¿Qué les diría?
-Que es así. Seguro que hay muchísimas personas que se lo merecen más que yo.
-Y usted, ¿cree que se la merece?
-¿Por supuesto que no me la merezco! ¿Quién podría llegar a pensar que se merece una escultura en una ciudad que ni siquiera es la suya, situada incluso fuera de su propio país? Pero le diré una cosa: en Londres, las estatuas sólo recuerdan a personas que han matado a millones de personas.
-Para terminar, ¿cuál es el libro favorito de Ken Follett?
-Cada vez que me hacen esta pregunta, doy una respuesta diferente porque siempre me remito a aquel libro que más me ha emocionado en el último año.
-¿Y en 2007 fue...?
-'Casa desolada', de Dickens.






