
El acto, que a partir de ahora tendrá carácter anual, según acordó el Consejo de Ministros el pasado 7 de diciembre, se celebró justo cuarenta y ocho horas despúes de la detención de dos presuntos etarras en Mondragón (Guipúzcoa), uno de los cuales se encuentra ingresado en el hospital Donosti de San Sebastián por las lesiones producidas supuestamente durante el arresto. Sin embargo, el tono solemne de la ceremonia impidió cualquier pronunciamiento sobre estos hechos.
El homenaje contó con la presencia de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega; el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; el de Defensa, José Antonio Alonso; el de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y representantes de las altas instituciones del Estado -los presidentes del Congreso, el Senado, el Tribunal Constitucional y el Supremo, entre ellos-y de la clase política, como el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Todos ellos rindieron tribuyo a los veinte guardias civiles y siete policías fallecidos el pasado año, entre ellos, los dos agentes del instituto armado que fueron asesinados por ETA en Capbreton. Rodríguez Zapatero destacó en este sentido que las fuerzas de seguridad arriesgan su propia vida para proteger los derechos y libertades de los ciudadanos. «Y esto es lo que el pueblo español entero reconoce».
Las familias, que vivieron con emoción contenida el ceremonial organizado bajo una carpa en La Moncloa, recibieron de manos del propio presidente una placa conmemorativa. Así se hará todos los años, independientemente de quien sea el jefe del gabinete. «Es el Gobierno de España el que está con vosotros, el que os respalda, el que debe atenderos y también el que os pide que continuéis con dedicación, con máxima profesionalidad y máxima entrega, con vuestra tarea al servicio de España», dijo Zapatero.
Condiciones de trabajo
A su juicio, el acto de ayer suponía un «tributo obligado», al que se dio carácter «solemne, austero y sentido» con el fin de honrar a «los que asumieron riesgos para que el resto podamos vivir sin riesgos», a los que luchan «contra los delitos y contra el terrorismo», para proteger la biodiversidad y el patrimonio, para regular el tráfico y «proteger a todos los ciudadanos».
El presidente agregó que el «sacrificio» de los agentes «exige una correspondencia» por parte de los ciudadanos y por parte de los poderes públicos, que deben mejorar sus condiciones de trabajo y de desempeño de su función. «La seguridad es la garantía última del sistema de derechos y libertades».
También el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se refirió a la necesidad de un homenaje «tan justo como merecido» para trasladar a los allegados de los policías y guardias civiles «nuestra más alta consideración, confianza y lealtad». Uno de los momentos más emotivos fue la ofrenda de una corona fúnebre con la bandera española mientras sonaban los acordes de 'La muerte de Ase', de Edvard Grieg, interpretada por una banda mixta de los dos cuerpos.
Los principales sindicatos policiales destacaron la importancia del homenaje, aunque criticaron que no fueran invitadas las asociaciones de guardias civiles y manifestaron su deseo de que se arreglen los «problemas formales» que han impedido su asistencia para posteriores celebraciones. El SUP no acudió, aunque sí agradeció a las instituciones su reconocimiento y confió en que los próximos años pueda celebrarse mediante un protocolo «más abierto». Al acto sí asistieron, representantes de la Confederación Española de Policía y del Sindicato Profesional de Policía.






