
No obstante, la declaración de Olmert y Abbas servía también para incendiar los mensajes de los partidos ultraconservadores, Shas e Israel Beitenu, opuestos a cualquier concesión crucial, que advirtieron otra vez con abandonar la coalición que sostiene en el poder a Olmert.
Presiones de Washington
El anuncio de que los grupos de trabajo recibirán permiso para abordar «todos los aspectos del acuerdo de paz» se producía en respuesta a las presiones norteamericanas, encabezadas por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que en vísperas de esta visita han exigido a israelíes y palestinos exhibir «progresos» que disipen la preocupación de Bush de salir desacreditado de este viaje histórico si se comprueba que el camino de Anápolis ha quedado en punto muerto.
Sin embargo, tan interesados como el presidente estadounidense en mantener viva la ilusión del proceso están también Olmert y Abbas, dos líderes en estado de extrema debilidad, cuya supervivencia política depende en lo internacional del apoyo de Washington y, en lo doméstico, de ganar la batalla en un mismo terreno: la construcción de colonias en Cisjordania y Jerusalén. Los palestinos exigen una congelación sin excepciones, mientras que Israel confía aún en retener ciertos asentamientos acogiéndose, precisamente, a la carta que en 2004 escribió Bush tachando de «poco realista» la vuelta total a las fronteras de 1967.
A razón de 17.000 euros la hora, el dispositivo de seguridad desplegado en Israel está ya listo para recibir al inquilino de la Casa Blanca, que en esta primera jornada se entrevistará en Jerusalén con el presidente israelí, Simon Peres, y el primer ministro, Ehud Olmert.
El sistema incorpora una tupida red de 10.000 agentes hebreos en coordinación con un inmenso contingente de protección especialmente traído de EE UU para esta visita de alto riesgo, que incluye helicópteros, blindados y equipos de inteligencia instalados por todos los puntos del recorrido más la azotea del hotel King David donde se alojará Bush. Israel se encuentra en nivel de alerta tres, sólo un grado por debajo de la de guerra, ante el temor no sólo de ataques palestinos, sino de las protestas del ultraderechismo judío.






