
La noche del martes y ayer hubo enfrentamientos y batalla campal. Quemaron autobuses y contenedores. Hasta apedrearon a los bomberos. Otro barrio, Quarto, llevaba dos días aislado por barricadas hasta que ayer fue desbloqueado por la Policía. No podían pasar ni las ambulancias. Es normal. Pianura se ha tragado la basura de Nápoles durante 42 años. En 1996 cerraron el vertedero y les prometieron un campo de golf. Allí no cabe una cáscara de plátano más, pero es que los otros 12 vertederos de Campania están a rebosar. ¿Cómo se ha llegado a esto? Es sencillo, aunque incomprensible si no se conoce Italia: no se han abierto nuevos vertederos ni se han construido incineradoras. Cada cierto tiempo -la última vez, en mayo- ya no hay dónde tirar la basura. Se sabe cuándo va a ocurrir, porque se van llenando los basureros, pero nadie hace nada. El día del escándalo, como ahora, el Gobierno busca deprisa y corriendo un agujero de emergencia para tirar la porquería o paga a otro país para mandársela en tren. En Alemania están encantados con el negocio. Y así hasta la próxima.
Esta gigantesca chapuza tiene varios culpables, repartidos entre la ineptitud de los políticos y los intereses de la Camorra. Para empezar, está el sistema de residuos elegido por algún iluminado. En 1996, más modernos que nadie, Campania decidió construir siete plantas para fabricar 'eco-bolas', masas de basura tratada y prensada lista para ser quemada como combustible en una incineradora. Claro, el plan incluía dos incineradoras, pero aún no existen. Entretanto, mandan las 'eco-bolas' a plantas de otras regiones. Pero resulta que los napolitanos están haciendo trampa: ni separan los residuos ni los tratan, empaquetan la porquería tal cual y la mandan a quemar. Resultado: no sirven para nada y su poder calorífico es escaso. De este modo, Campania ha producido desde 2001 más de seis millones de 'eco-bolas' de pega. Por otro lado, la recogida selectiva para reciclaje empezó sólo ese año y apenas llega al 13%.
Siendo el sistema de basuras más desastroso, es el más caro, y es aquí donde está el dinero. Italia ha gastado en este problema más de 2.000 millones de euros, que no se sabe dónde han acabado. Con ellos se podrían haber construido siete incineradoras. Se han creado consorcios públicos y privados inflados de empleados e infiltrados por la Camorra que son una mina. «La emergencia de basuras es un negocio y a muchos no les interesa que termine», dice el prefecto de Nápoles, Alessandro Pansa.
Mozzarella radiactiva
La Camorra adora la basura. Sobre todo la especial y peligrosa. Sus empresas dan los mejores precios en toda Italia porque se limitan a coger la basura y tirarla por ahí. Envenenan su propia tierra. En las zonas más contaminadas de Campania los tumores han aumentado un 24%. También la leche y la mozzarella de esos lugares son radiactivas.
El Gobierno de centro-izquierda de Prodi anunció ayer medidas de emergencia entre el escepticismo general. De momento, se abrirán cuatro vertederos para resolver la actual acumulación de basuras y acudirá el Ejército. Cara al futuro, Prodi anunció el fin de los consorcios y la construcción de tres incineradoras. Pero habrá que verlo. Lo más normal sería que dentro de unos meses se vean de nuevo esas imágenes familiares de Nápoles nadando en basura.






