
Se hablaba ayer de una crisis mundial de este juego, un deporte de 'gentlemen' como ningún otro, que los extranjeros se empeñan en no entender y que a los lugareños les gusta retratar como algo incomprensible. Sí, es el juego que puede disputarse durante cinco días y acabar en empate. Lo juegan once contra once y consiste en que cada equipo bolea -dos veces, en la modalidad de test- contra los rivales, que suman carreras mientras defienden con un bate tres palitos.
Las naciones del cricket, antiguas colonias británicas, giran por el hemisferio más plácido en cada una de las estaciones del año, disputando series de tests. El horror invernal inglés es amortiguado por las elegantes narraciones que trae la radio sobre la resistencia tenaz de un bateador al ataque de los boleadores caribeños, bajo una luz menguante, en el sobrecogedor atardecer de Puerto España.
Australia domina el juego y este fin de semana logró en Sydney contra India batir un récord: ganar dieciséis tests seguidos. Su capitán, Ricky Ponting, cumplió además los trámites reglamentarios para denunciar al indio Harbhajan Singh, a quien la federación suspendió por llamar 'mono' al único negro del equipo australiano, Andrew Symonds.
Es sabido que boleadores y bateadores se burlan o insultan para sacarse de quicio. Tiene sentido. El boleo 'spin' consiste en lanzar una pelota suave y perversa para enrevesar las dudas del bateador sobre atacarla o defenderse y así tirarle los palitos. Es aceptado que los australianos son también los mejores y más deslenguados en el juego soez de sacar de quicio al rival.
El equipo indio dijo que regresaba a casa ante la injusticia. Hasta en Australia hubo voces avergonzadas contra su capitán y su exceso de celo competitivo. Pero India seguirá de gira después de que la federación internacional aplazase ayer la sanción a Singh, abriera expediente a un australiano por insultar a un indio y sustituyese al árbitro del partido, negro y caribeño.
Hubo antes líos similares en el cricket, pero nunca quedó tan claro que, como el mayor mercado televisivo es el indio, sus directivos quieren también ejercer otra vieja tradición: quien paga, manda.






