
Era en realidad un partido sin red ante un Racing de Ferrol que, pese a sus graves problemas, acudía a Mendizorroza con opciones de engancharse a la estela albiazul. La antesala, además, de un calendario espinoso ahora endulzado con tres puntos. También la prueba de la digestión del turrón navideño, que necesitaba de grandes dosis de bicarbonato a causa del atracón de sanciones que el Alavés engulló sin quererlo en El Molinón. Demasiadas bajas de gran calibre -Astudillo, Toni Moral y Aganzo- para pensar en disparos certeros que liquidasen al rival por la vía rápida.
Sobrio y espeso
Y el Alavés se plantó sobre el césped como es. Fiel a un estilo sobrio que representa sus señas de identidad. Con 4-1-4-1 que en definitiva le ha concedido la estabilidad y que con criterio lógico sólo se abandona en casos urgentes. Con variaciones obligadas: Raúl Sánchez en punta, Mena en la banda, Garro de nuevo como centrocampista tapón y Lacen -otra vez notable- más adelantado para cubrir el hueco de Astudillo. El retorno de Sergio Rodríguez tras la sanción era la mejor noticia y al final resultó también el recurso definitivo, dado que otra falta lanzada por él con destreza acabó en el 1-0 del ayer firme y certero rematador Coromina.
El partido, en realidad, nunca se movió del guión. El Racing de Ferrol -trece jornadas sin ganar- se dedicó a mimar el empate inicial. Con despejes expeditivos y reiterados a la grada. Sin pretensiones más allá de resguardar a su portero Queco. Y el Alavés, que pareció carburar en el arranque, perdió gas a medida que transcurrió el encuentro. Con ocasiones aisladas fruto de la insistencia, sobre todo de un Gabri hiperactivo que se ha hecho un hueco en el equipo a base de tesón e intensidad. Para Raúl Sánchez y Mena el encuentro se quedó, sin embargo, en otra oportunidad desaprovechada. Excesiva frialdad y escasa participación colectiva en uno de esos asaltos que se rompen por calenturas.
Sustituciones y gol
Pero el termómetro había bajado ya hasta niveles peligrosos en el arranque de la segunda mitad. El hielo que aplicaba un cómodo Racing de Ferrol -replegado sin rubor alguno- congelaba a un Alavés desorientado. Sergio Rodríguez recibía casi siempre lejos de la portería rival y las conexiones albiazules fallaban. Más allá de los escarceos permanentes de Gabri en busca de un error rival, el cuadro vitoriano entraba en un remolino de mediocridad.
El toque de corneta llegó desde el banquillo. Por segunda vez este año con un triple cambio -esta vez a falta de media hora y con el consiguiente riesgo de inferioridad si se produce alguna lesión posterior- que garantiza la agitación aunque también sugiera cierta improvisación cuando se trata de activar los recursos propios. El efecto, en esta ocasión, resultó inmediato. El debutante Royo fabricó una ocasión en su primera llegada. Igor Martínez incordió con sus llegadas al espacio y Samuel se acopló con naturalidad al centro del campo. Todo para apretar y lograr el objetivo de los tres puntos con el nuevo año.
A partir de ahí, de nuevo con nervios excesivos, el Alavés resultó inconsistente y dejó crecer a un adversario a la desesperada. Bernardo puso orden y, gracias a ello, el cuadro albiazul obtuvo un triunfo impagable.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com






