Cuando voy a la redacción del periódico, que como ustedes saben está en la calle Pintor Losada, voy y vengo en el metro y suelo utilizar la parada de Basarrate que corresponde a la plaza del mismo nombre, situada en aquella zona de Santutxu conocida popularmente como la Campa del Muerto. Y cuando cojo el metro de regreso a mi casa, como viene de Etxebarri casi vacío, puedo hacer la comprobación. Al entrar en el vagón me doy cuenta de que los escasos viajeros, ocupan, todos ellos, los asientos de ventanilla cara a la marcha del convoy. Después de estos asientos, los que se ocupan a continuación son los del pasillo cara a la marcha, más tarde, los de la ventanilla opuesta y por último se ocupa el situado junto al pasillo de espaldas a la dirección del convoy.
Y hecha esta puntualización, les contaré el curioso caso que me ocurrió cuando los viajeros, a medida que quedaba un sitio libre, iban cambiando de asiento como si se tratara del movimiento de fichas en un juego de ajedrez. Comienza la partida. Atentos A las jugadas.
Primera jugada; se ocupan los cuatro asientos. Segunda jugada; se libra el de la ventanilla cara a la marcha y la viajera contigua del pasillo se pasa a la ventanilla que ha quedado libre. Tercera jugada; la viajera del pasillo que va de espaldas a la marcha se pasa al asiento de enfrente, cara a la marcha. Cuarta jugada; la viajera del pasillo de cara a la marcha se pasa al asiento de la ventanilla que se ha quedado libre y también de cara a la marcha.
En aquel momento, llegó mi estación de destino y, como tuve que bajarme, no les puedo decir cómo terminó aquel juego de ajedrez con viajeros o viajeras en vez de fichas. Lo siento, porque la partida se había puesto interesante.






