
LOS DATOS
El lamentable espectáculo fue descubierto en la mañana de ayer por puro azar. Dos agentes de la Guardia Urbana patrullaban por la zona cuando se percataron de los desperfectos: una hilera de lunas, las que protegen los dos tramos de rampas que unen Cuchillería y Las Escuelas, estaban perforadas y agrietadas. Los cristales están formados por vidrios dobles con una hoja de seguridad en medio, de modo que, ante un golpe, no se hacen añicos ni saltan.
La Policía Local sospecha que los agresores utilizaron «herramientas» u «objetos contundentes, como adoquines, piquetas o martillos», dado el tipo de impacto que presentaban los paneles. Sin embargo, ayer por la tarde ignoraba cuándo se pudo perpetrar el ataque. Y ello, pese a que en el cantón se colocaron al menos tres cámaras de seguridad para vigilar la instalación las veinticuatro horas. En teoría, esos dispositivos envían imágenes en tiempo real al Departamento de Protección Ciudanana, en Aguirrelanda. Pero EL CORREO pudo saber ayer que ningún agente hace un seguimiento simultáneo de esas filmaciones, por lo que en los próximos días los investigadores deberán visionarlas para tratar de identificar a los autores y determinar cuándo y cómo actuaron.
Un hostelero de la zona aseguró ayer a este periódico que las lunas de los andenes de San Francisco Javier «ya estaban rotas el pasado viernes». Aun así, ningún vecino ni trabajador del barrio se ha dirigido al Ayuntamiento para denunciar los hechos o, al menos, dar cuenta de los daños. Y es que nadie admite haber oído y visto la fechoría.
«Es un acto vandálico horrible. Aunque los andenes no gusten a mucha gente, están puestos y hay que respetarlos y cuidarlos porque los cristales valen un dineral. Al que no le guste, que no las use», zanjó Pilar Gómez, una camarera de un restaurante de Cuchillería.
«Lo pagaremos todos»
En el mismo tono crítico se expresó Juliana Martín, una vecina de la zona, usuaria habitual de las rampas. «¿Qué ganan con esto? Es un daño tonto que al final tendremos que pagar todos», lamentó. «Son el juguete de los 'niños' por la noche», afirmó indignado otro residente del cantón. «Las escaleras mecánicas son una buena solución y, además, me parecen muy bonitas», apostilló un tercero que tampoco se quiso identificar.
El arquitecto Roberto Ercilla, diseñador de la instalación junto a Miguel Ángel Campos, considera «inexplicable» que «nadie, ni policías ni residentes, se percataran de lo ocurrido» y exigió, como ciudadano, que se tomen las medidas necesarias para evitar que estos ataques se repitan y que sus autores queden impunes.








