
EL CORREO publicó el pasado 8 de septiembre que Renault negociaba el regreso de Fernando Alonso. Briatore confirmó poco después -1 de octubre, lunes después de la carrera de Japón- la oferta de su escudería al español. Entre medias, cientos de comentarios, elucubraciones y dimes y diretes han surgido al hilo del destino de Alonso. Él no suelta prenda, se mantiene más hermético que nadie y deja correr el agua en el río, mientras llena el saco de su memoria con todas las probabilidades que se le ofrecen a diario en los periódicos de medio mundo.
Nadie sabe dónde va a ir Alonso salvo él, que lo tiene decidido desde hace tiempo. La opción de McLaren es conocida. Gran coche, mejor trabajo eficaz de una escudería que funciona como un reloj en su factoría de Woking, pero ambiente pésimo. Desencuentro total con el mundo inglés, sus tentáculos de relaciones sociales y su evidente favoritismo emocional a favor de Lewis Hamilton, que seguirá en McLaren. Alonso se quiere ir, pero quiere un coche potente en su próximo destino.
La opción de Toyota no parece descabellada del todo. El potencial económico es enorme y desde ese punto de vista, las posibilidades de desarrollo también. Pero es una escudería a la deriva, sin rumbo claro según cuentan sus propios pilotos.
¿Adiós a Ferrari?
Ferrari ha cerrado las puertas a Alonso con la renovación de Massa. El brasileño, con contrato en vigor hasta 2010, y Raikkonen, hasta 2009, parecen garantizados en sus asientos.
Otras opciones más folclóricas, tipo Red Bull o así, parecen descartadas. Aunque en la Fórmula 1, donde la mentira y la propaganda vuelan sindescanso, todo es posible.






