¿Por fin!, podría haber exclamado Kimi tras cruzar la meta de Interlagos. La historia ha hecho justicia a un gran tipo, conocedor de los sinsabores del fracaso y las amarguras del destino que tan esquivo le ha sido hasta la cita brasileña. Raikkonen ha vivido cautivo de su bien ganada fama de desafortunado, pero su llegada a Ferrari ha bastado para que aflorase su inmensa calidad apoyado en una óptima dirección táctica desde el muro.
Montezemolo y Todt temían que, tras la retirada de Schumacher, se echara en falta la capacidad de trabajo del alemán, pero a pesar de que la fiabilidad no ha sido su punto fuerte la 'Scuderia' ha concluido el campeonato siendo el equipo más fuerte y cohesionado sobre la pista. ¿Qué dificultad tan enorme sustituir a un mito como Schumacher y con qué efectividad ha hecho Kimi su trabajo!
Reconforta pensar que el nuevo campeón del mundo celebrará el título como la ocasión merece, con una gran fiesta acompañado de su esposa, de sus compañeros de equipo, de sus amigos, de todo aquel que se le acerque para hacerse una foto a su lado. En definitiva, como un tipo normal, como haríamos usted y yo. Porque Kimi es hombre de pocas palabras, pero enorme cortesía con mayores y pequeños. Italia entera festejará un nuevo éxito de su empresa más internacional cuando el próximo fin de semana reúna en el circuito de Mugello a los incondicionales de la 'Scuderia', donde recibirán también el reconocimiento que merecen Luca Badoer y Marc Gené, incansables trabajadores en la sombra.
El destino nos ha eximido de asistir a las celebraciones del campeón biónico, el debutante que de modo antinatural aspiraba al título a lomos de un fantástico monoplaza puesto a punto por un bicampeón del mundo, sin haber conocido lo que es luchar en el fondo de la parrilla por un duodécimo puesto como todo premio. El aspirante de laboratorio que apoyado en la maquinaria británica que domina la F-1 pretende acortar el largo y duro camino a la cima.
Hamilton será campeón en el futuro, probablemente la próxima temporada si McLaren es capaz de serenarse. Pero, por ahora, sus espléndidas aptitudes deberán esperar. Ayer, la experiencia derrotó a la prepotencia, a la falta de liderazgo, a la soberbia. No puede decirse que tales epítetos resulten ajenos a la figura de Jean Todt, pero el patrón de Ferrari ha jugado sus cartas con maestría, una vez más, en la pista y en los despachos, en Interlagos y ante la FIA durante todo el campeonato.
Los de Dennis se aprestan a afrontar su particular noche de los cuchillos largos y Fernando Alonso queda en una posición muy incómoda tras haber perdido un título para el que no ha escatimado esfuerzos. ¿Cuántas conclusiones debiera extraer Fernando de lo acontecido durante la campaña! ¿Cuánto debiera aprender de errores propios y ajenos! De poco sirve instalarse ahora en el victimismo, aunque resulte evidente que McLaren no ha puesto a disposición del asturiano su mejor material en los compases finales de la temporada, con lo que su incesante combatividad estaba condenada al fracaso.
Llegan tiempos de reflexión antes de que la segunda semana de noviembre arranque la pretemporada 2008 en Montmeló. Los Grandes Premios volverán en marzo con el inicio de un nuevo campeonato en Melbourne, que aportará ilusiones renovadas e innumerables cambios en la parrilla. Después de todo, la F-1, como la vida, sigue.






