
CORRESPONDENCIA
El tercer cuadernillo que se ha distribuido en estas fechas se ha hecho en memoria del alavés Antonio Odriozola (1911-1987), destacado bibliógrafo, investigador y erudito, que pasó gran parte de su vida en Pontevedra. Fue bibliotecario de la Misión Biológica de Galicia, con sede en aquella ciudad, hasta su jubilación en 1981. Allí era una persona muy conocida y querida. Siempre paseaba con una camelia en la solapa. Era patrón bibliotecario del Museo de Pontevedra, miembro del Instituto Sarmiento, presidente de la Sociedad de Bibliófilos Galegos y miembro correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia.
El texto, además de lo más destacado de su bibliografía, recoge algunos apuntes autobiográficos, como su nacimiento en la Granja Modelo de Arkaute, dirigida por su padre. Aunque licenciado en Derecho, Antonio Odriozola nunca ejerció como abogado. Su interés se centraba en la bibliografía, ediciones antiguas, imprenta, arte, etc., sin olvidar la música. Dicen que era capaz de atravesar media España para acudir a algún concierto que le interesaba. La famosa exposición de libros vascos celebrada en la Diputación alavesa en 1935 no se habría hecho sin su decisiva colaboración. Él fue también el autor del catálogo.
Sancho El Sabio
Hacia 1964 parecía que Antonio Odriozola estaba definitivamente condenado a la soltería. Pero las cosas cambiaron. Casó con una mujer natural de Pontevedra. La nueva residencia trajo el plantearse qué hacer con su gran biblioteca vasca. La ofreció a la Diputación alavesa, que rehusó, y a la Caja Municipal, cuyo director, Vicente Botella, accedió muy gustoso. Y así surgió la base de la biblioteca Sancho El Sabio, sin duda alguna la mejor biblioteca vasca del mundo.
Pronto hará veinte años, el 7 de diciembre de 1987, falleció Antonio Odriozola, atropellado por un trolebús delante de su casa. Se perdía así un gran investigador. Por fortuna, el Museo de Pontevedra adquirió su biblioteca y archivo, e hizo también algunas cosas importantes, como la edición de sus fichas sobre libros antiguos de España y Portugal.
Nosotros debiéramos también cultivar su memoria. Nos permitimos sugerir un acto conjunto con el Museo de Pontevedra, quizá en ambas ciudades, y la erección de una estatua en la próxima sede de la Fundación Sancho El Sabio en Betoño.






