
-De los griegos han perdurado tragedias y tratados filosóficos, pero ¿quién iba a decir que tuvieran tanto sentido del humor?
-Tenían muchísimo. Lo que pasa es que la risa era bufonesca, primitiva, de sal gruesa, mezclada con la obscenidad, el vituperio y con la idea de buscar ese contraste cómico donde todo parece al revés. Era la religión de la risa, al menos durante unos días del año.
-Explíquese.
-Todo tiene que ver con la religión dionisiaca, de claroscuros. La comedia era celebrar que estamos vivos y que, como especie, continuaremos existiendo. Por otro lado, la tragedia era ver que, como personas individuales, moriremos. Ambas facetas ellos las vieron muy bien y supieron convertirlas en un ritual, durante unos días todo cambiaba, hacían lo natural por encima de lo convencional, era el disfrute generalizado, como si fuera Carnaval.
-¿Y ha cambiado mucho a lo largo de los siglos?
-La sociedad ha cambiado y también lo ha hecho el sentido del humor. Hoy es inconcebible, como ocurría entonces, que se insultara a las autoridades o personas importantes, incluso al mismo dios en cuyo honor era la ceremonia. En una de las comedias del dramaturgo Aristófanes, aparece Dionisio y en vez de decir que 'se ha hecho la libación', dice «me cagué». En una iglesia sería imposible algo similar, pero los griegos lo hacían y se reían muchísimo.
-¿La religión tiene gran parte de culpa en la pérdida de humor?
-El cristianismo ha sido enemigo de la risa. Las religiones han dulcificado todas las costumbres y las leyes, inspiradas en la religión, no permiten que ningún día del año se le ponga tibio al presidente del Gobierno o al Rey. En los templos griegos había inscripciones diciendo 'aquí me tiré un pedo'. Para nosotros es inimaginable.
Liberación
-Ahora parece que vuelve el humor irreverente.
-Bueno, a mí me encanta eso de reírse un poco de todo, pero es secreto, ¿eh?
-¿Se ha desvirtuado la esencia del humor?
-Bueno, ahora está un poco desvaído. La palabra tiene orígenes médicos, es un intento de explicar los estados de ánimo partiendo de elementos que existen en el cuerpo. Cuando uno está de buen humor es porque circulan bien esas sustancias, y al contrario. Se trata de un humor elegante y más finolis, de un estado de ánimo. Pero puede estar más acentuado, ser más primitivo, de risas vertiginosas y sal gruesa, y eso es lo que se ha perdido.
-Quizá por eso proliferan los talleres de risoterapia.
-Eso es fantástico, son toda una catarsis. En las fiestas de Atenas todo eso estaba garantizado, era una terapia de tristeza y dolor, pero compartido.
-¿Por qué?
-Porque el hombre es el único animal que ríe y lo hace socialmente. Nosotros seguimos teniendo rituales, no podemos vivir sin ellos porque producen cohesión social. Por ejemplo, el botellón de los jóvenes y el irse a escuchar música es uno de ellos.
-¿Así que juntarse varios de fiesta y pasarlo bien es la receta perfecta?
-Una velada de chistes es estupendo para hacer unas risas. Para mí, el vino, la risa y la amistad colectiva son auténticos liberadores.






