
Una madre abraza a su hija asustada tras el atentado en La Peña. /Ignacio Pérez
El atentado de ETA contra Gabriel Ginés, el escolta de un concejal del PSE-EE de Galdakao, se ha producido en la zona más concurrida y céntrica del barrio de la Peña, en la calle colindante a la plaza principal y a escasos metros de unos columpios para niños. La fortuna hizo, sin embargo, que no hubiese mucha gente en los alrededores en el momento de la explosión y que sólo tres viandantes resultaran levemente heridos.
No en vano, en el momento de la explosión el coche pasaba junto al colegio Ibaizabal, donde los alumnos daban su última hora de clase antes de salir a comer. El hecho de que los menores se encontraran tan cerca del atentado provocó gran nerviosismo y conmoción entre los padres que acudieron de inmediato a las puertas del colegio para recoger a sus hijos.
El sobresalto, en cambio, no pasó de la mera anécdota para muchos de los alumnos que se tomaron con humor la interrupción de la clase, en el caso de los más afortunados. "Han retumbado todas las paredes, pero la profesora ha dicho que serían de las obras de al lado y ha seguido la clase. Hasta cuando han llegado las ambulancias y los coches de la Policía ha seguido sin creérselo", protestaba una alumna. "¿Y tú no has tenido miedo?- le decía una madre a su hijo- "Yo no- contestó orgulloso éste-. Estábamos en clase tan tranquilo y pum".
Desconcierto
Con todo, la reacción entre la mayoría de los vecinos fue de desconcierto en los primeros minutos. Hasta la llegada de los policías y de los medios de comunicación, muchos achacaron a las cercanas obras, a un posible incendio o a la explosión de una bombona gas la sonora explosión. "Acababa de aparcar el coche hacía diez minutos. Estaba entrando en la panadería y he escuchado el bombazo. Al principio pensé que había sido una bombona de gas, pero luego he visto todo el humo negro y me lo he imaginado. No se veía el parque", ha explicado Lola a sus vecinos, mientras esperaba angustiada a saber si su coche estaba entre los afectados. Lo mismo esperaba dos horas después, el dueño de un Seat Toledo que en ese momento todavía desconocía si su coche era uno de los calcinados, como efectivamente comprobó más tarde.
José e Iñaki comentaban también lo ocurrido al otro lado del cordón policial. "Olía a goma quemada y el humo era una burrada", decía uno. Su compañero recordaba que el barrio de La Peña había sido escenario de otras acciones terroristas. "No es la primera vez. Hace diez años murió un policía aquí mismo", explicó, en referencia al guardia civil Fernando Giménez Pascual, asesinado con otra bomba lapa el 4 de abril de 1994 en esa misma calle Zamakola. Ocho años antes, el objetivo de ETA fue el policía nacional Manuel Fuentes Pedreira, asesinado a tiros en la parte del barrio que pertenece a Arrigorriaga.
El cordón policial se mantuvo durante varias horas, mientras los agentes de la Ertzaintza inspeccionaban la zona y el resto de coches de alrededor. La expectación vecinal fue decayendo a medida que pasaban las horas y sólo los dueños de los coches aparcados en las calles cortadas y los responsables de los comercios cercanos mantenían fija la mirada fija en el lugar del atentado, mientras las grúas se llevaban los tres coches calcinados.