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Cultura

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Poussin y la naturaleza creada
El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta una muestra dedicada por primera vez a las vistas ideales del maestro francés del siglo XVII
09.10.07 -
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Poussin y la naturaleza creada
'Paisaje con las cenizas de Foción'. Metáfora que Pussin trae al XVIII de general ateniense que se hizo impopular por una política dura que luego se demostró necesaria.
«Lo que cuenta en esta exposición no es Poussin y el paisaje, si no Poussin y la naturaleza; el paisaje es lo que vemos y la naturaleza es lo que pensamos», comenta Pierre Rosenberg, historiador del arte, ex director del Louvre y comisario de la muestra 'Poussin y la naturaleza', dedicada expresamente, por primera vez en la historia, a estudiar los exquisitos paisajes mentales, entre la poesía y la filosofía, de este maestro francés del XVII cuya influencia se la alarga en el tiempo a través de artistas franceses como David, Ingres y Cezanne, que admiró su visión armónica de la naturaleza, o el poeta Baudelaire, y que tiene también su eco en Reynolds y Constable, al otro lado de la Mancha.

La exposición, cuarta gran muestra que Rosenberg dedica al maestro del XVII, se abre hoy al público en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. «Es la más importante en la historia de este museo», comentaba el director del centro, Javier Viar, al dar cuenta de las numerosa numerosas pinacotecas que han prestado obras para la ocasión y del interés demostrado por el Metropolitan de Nueva York, que se sumó a la inicitativa al enterarse de la pretensión de Rosenberg, miembro de la comisión artística del museo bilbaíno, y que exhibirá a continuación la muestra en su sede de la Quinta Avenida.

«Mi director, Philippe de Montebello, regorganizó incluso el programa de exposiciones para poderla tener; nunca le había visto tan entusiasmado», comenta a su vez Heith Christiansen, conservador de pintura europea del Met.

La muestra, que está patrocinada por el Fundación BBK, reúne un total de 85 pinturas y dibujos, siempre preparatorios en el caso de Poussin, de quien existen censados más de 200 óleos. El Louvre, con seis pinturas y el Prado y la National Gallery de Londres, con tres cada uno, figuran entre los principales prestamistas.

«Tiene mucho sentido que esta exposición que se presente en España; los vinculos de Poussin con este país vienen de su propia época, de cuando la Corona española -Felipe IV- le encarga varios cuadros; ahí tenemos, por ejemplo, al San Jerónimo».

Los complejos paisajes ideales de Poussin, en los que conviven mitos e ideas clásicas, historias ejemplarizantes de la Biblia y la iconografía al uso en la pintura de época, contiene una visión personal sobre la vida individual y social.

Pintor antes de intelectuales y burqueses ilustrados que de reyes y papas, su trayectoria existencial va de Normandía, donde nace en 1594, a París, que apenas le dará suerte, aunque el cardenal Richelieu y el rey Luis XIII lograrán tenerlo a su lado de 1490 a 1942, en un alto de su prolongada vida en Italia, para acabar en Roma, donde muere en 1665. Allí bebe de las fuentes clásicas, lo mismo que de la literatura, la escultura y la pintura de sus coetáneos. Su pintura será de esta manera un ejercicio más libre que el de cualquier pintor de corte, y más complejo, de representación profunda del devenir del ser humano en el mundo. En ella se combinan por momentos las formas de Rafael y el colorido de la Escuela veneciana.

Más que un vistazo

«No son cuadros que se abarquen de un vistazo», explica Rosenberg. Así, las 'cuatro estaciones', que pinta en la última etapa de su vida para el conde de Richelieu, y de las que aquí están 'La primavera' y 'El verano', son una deslumbrante y completa metáfora sobre el vida.

Poussin «está atento a las horas del día y a las estaciones del año, pero para significar asuntos de tanta importancia como las edades del ser humano... Piensa sobre todo en la grandiosidad de la naturaleza y en lo pequeño que es el hombre. En 'El verano' -añade Rosenberg- estamos a mediodía, a buena hora todavía; el hombre aún tiene esperanza. Es el verano, es la cosecha. Hace calor y la gente bebe».

«En el siglo XVII -explica a su vez Christiansen, la vida se ve a través de los autoresx clásicos; para el espectador ésta es una pantalla que hay que traspasar para comprender a este artista, cuyas primeras pinturas son vigoroas y sensuales, propias de un joven, y que evoluciona hacia la austeridad y la melancolía».

Rosenberg pone como ejemplo un luminoso paisaje en el que sitúa al pensador griego Diógenes al borde de un riachuelo, donde un joven coge agua con sus manos para poder beber. «Diógenes piensa que él tampoco necesita siquiera de su cuenco para beber. Aquí Pussin todavía no es lo pesimista que será luego; es más bien estoico y piensa que el mundo hay que tomarlo como es...»
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