
Entre estos figuran los integrantes de la comunidad de propietarios del número 36 de la calle Independencia, que dicen ver «con alarma» cómo los trabajos se aproximan a su portal. ¿La razón? Que si se respeta el trazado previsto para unir las vías con el cruce de la calle Angulema, el metro ligero «pasará a poco más de 1,65 metros» de la entrada del inmueble. De no producirse cambios, el tranvía girará hacia la derecha al final de Independencia, con lo que los vagones discurrirán a una «escasa y peligrosísima» distancia del portal, que está situado en la intersección con la calle La Paz.
Los afectados temen que apenas quede espacio para una silla de ruedas o un coche de niños. «Y eso que es una de las zonas con mayor tránsito de peatones de Vitoria», se queja Miguel González, presidente de la comunidad. Por ello, aseguran estar dispuestos «a hacer lo que sea» con tal de hacerse oír y lograr alejar «unos metros» la línea del tranvía de sus casas.
Los vecinos recuerdan, además, que ésta no es la ruta por la que iba a discurrir el metro ligero en un primer momento. El proyecto inicial preveía un trazado por la calle Jesús Guridi, con lo que los raíles se situaban a más de tres metros de distancia. Con el cambio de recorrido por Angulema -calle en la que se instalará la última parada y de la que saldrán, en un futuro, las vías en dirección al campus universitario- han llegado los quebraderos de cabeza para los vecinos.
«Existían otras tres alternativas y han elegido la peor», sostienen. En su opinión, el giro que describe ahora no es necesario. «El metro ligero podría seguir una línea recta por la plaza de Los Desamparados, lo que obligaría a talar poco más de media docena de árboles».
«Sin visibilidad»
«¿Realmente, alguien cree que un conductor puede afrontar con seguridad un giro sin visibilidad alguna, si alguien sale de nuestro portal o camina por la calle en este punto?», se preguntaba ayer González. En este sentido, recordaba que «en otras ciudades, como Bilbao, ha habido atropellos en zonas mucho menos estrechas que ésta».
Para el representante de la comunidad de Independencia 36, es «demencial que se decida ubicar la línea a dos metros de las casas, distancia que se reduce si se tiene en cuenta la balconada del edificio». González recuerda que la normativa ferroviaria «exige a los particulares un espacio mínimo de ocho metros cuando se trata del casco urbano».
La frustración de los residentes es cada vez mayor ante la «falta de respuesta» del Gobierno vasco a sus quejas. Y es que en julio entregaron un recurso de alzada en la Viceconsejería de Transportes y Obras Públicas, pero todavía no han recibido contestación.
En este sentido, un portavoz de Eusko Trenbide Sarea, el gestor vasco de infraestructuras ferroviarias, rehusó ayer ofrecer la opinión de la empresa sobre esta denuncia vecinal hasta contar con un informe de los técnicos. En cualquier caso, recordó que el periodo de alegaciones ya está cerrado.







