Esta única y singular construcción en todo el territorio guipuzcoano fue uno de los reclamos para los euskaltzales. Los donostiarras Eneko y Amaia hicieron el pequeño esfuerzo para disfrutar del hórreo de la primera mitad del siglo XVI, «habíamos visto muchos, pero este impresiona porque es muy grande». Alcanzar el rústico almacén de cereales, maíz y verduras suponía haber cubierto la mitad del paseo por un villa plagada de casas solariegas.
Una variada carta con ritmos de triki, ska, reggae, cumbia, rumba, pop o rock duro se repartió entre los veintiún directos y la animación de calle. La gran mayoría de los grupos eran vascos, aunque también sonó el grupo catalán Rauxa. Fue la presentación de una formación que movió a jóvenes y mayores con los ritmos bailones de la rumba catalana.
El flujo de autobuses lanzadera y movimientos de vehículos en los estacionamientos periféricos fue un goteo incesante desde las primeras horas. La movilidad fue sencilla fuera y dentro de Bergara, ya que la organización no afectó las grandes arterias de comunicación.
Los que llegaron sin viandas dispusieron de los comedores de la ikastola, el polideportivo de Labegaraieta, y el menú de sidrería en Frontón Municipal. Pollos con denominación de origen, talos y una sabrosa ternera asada a la brasa por Juan Escudero completaban la oferta.






