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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

POLÍTICA
PNV y PSOE intentan mantener la colaboración de la 'era Imaz' pese a sus crecientes diferencias
La cercanía de las generales y la precaria situación de los jeltzales en Álava les condena a entenderse en mitad del terremoto desatado por Ibarretxe
07.10.07 -
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PNV y PSOE intentan mantener la colaboración de la 'era Imaz' pese a sus crecientes diferencias
«ME VA A ESCUCHAR». Zapatero e Ibarretxe, en una de sus reuniones en Moncloa. / CHEMA BARROSO
«Este PNV nos lo ha puesto muy difícil. Con mesura, pero tenemos que enseñar los dientes». «Se están pasando de frenada. Si Zapatero ya dice ahora que Ibarretxe le va a oír, ¿qué no dirá después de reunirse con él?». A primera vista, la relación privilegiada de que disfrutaban peneuvistas y socialistas parece herida de muerte. La retirada de escena del todavía líder del EBB, Josu Jon Imaz -con quien el PSOE confesaba haber alcanzado una comunicación «estrecha, fluida y sólida»-, y, sobre todo, el violento impacto del regreso del lehendakari y su remozado plan a la primera línea política han deteriorado considerablemente la sintonía entre ambos.

Pero no es fácil pasar de la luna de miel al divorcio 'express' en el tiempo que tarda Ibarretxe en desgranar su 'hoja de ruta'. Menos aún cuando los mutuos intereses fraguados en etapas más dulces -llámense Presupuestos, fusión de las cajas de ahorro o gobernabilidad de Álava- desaconsejan una ruptura traumática, al menos hasta que las urnas dicten sentencia y comience a despejarse el panorama, según admiten distintas fuentes consultadas en las dos fuerzas políticas.

Si se tratara de un matrimonio mal avenido, peneuvistas y socialistas se estarían dando un tiempo sin dejar de mirarse de reojo. Ni contigo ni sin ti, pero sin bajar la guardia. «Somos muy conscientes de que en el seno del PNV la batalla no está resuelta, de que a medio plazo se pueden mover las cosas porque hay mucha gente que no piensa como Ibarretxe», admite un cargo socialista. «Lo importante es no poner todos los huevos en la misma cesta. El petardazo ya está dado pero ahora no podemos ir a galope tendido», corroboran en el PNV, que, efectivamente, desde su posición en Madrid subraya la posibilidad de alcanzar de aquí a junio un acuerdo con José Luis Rodríguez Zapatero más allá de la consulta que Ibarretxe dice estar decidido a convocar sin que le «tiemble el pulso». Los jeltzales inciden así en el tramo del calendario que mejor refleja el espíritu de la ponencia de consenso que alumbraron en septiembre y soslayan el que alimenta la confrontación Euskadi-Estado.

Todo ello en un clima notablemente enrarecido por las amenazas mutuas que flotan en el ambiente -el PSE ya ha advertido de que el «torpedo» lanzado por Ibarretxe aconseja «aparcar» el proyecto de la gran caja de ahorros vasca y pone en serias dificultades al diputado general de Álava, Xabier Agirre, mientras los jeltzales han recordado al partido de Patxi López su situación de minoría en el Ayuntamiento de Vitoria- y por los inevitables recelos que han empezado a aflorar. Los socialistas echan en falta, por ejemplo, el cerrado respaldo de Imaz en materia antiterrorista y su discreto silencio ante los golpes a ETA y su entorno. Aunque se fían en este sentido de su más que probable sucesor, Iñigo Urkullu, temen que el Gobierno de Vitoria se deslice por la senda del «oportunismo» en este terreno.

Existe un hecho incuestionable que enmaraña aún más el panorama: ni el PSOE ni el PNV son bloques monolíticos. Más bien al contrario, en su seno conviven distintas sensibilidades; unas más proclives a no cortar de raíz los lazos que se anudaron en la 'era Imaz' y otras que estarían «encantadas» -dicen en el PNV, en referencia al propio lehendakari y al sector de Joseba Egibar- de que se ensanchara el abismo con los socialistas para poder realizar la ciaboga completa hacia el soberanismo, aunque costara a los jeltzales una posición de aislamiento similar a la de los tiempos de Lizarra.

Lo mismo ocurriría con quienes, desde las filas socialistas, presionan a José Luis Rodríguez Zapatero para que aplique una política de mano dura para frenar al lehendakari. Desde el PNV, temeroso de que el PSOE sucumba al placaje del PP, se citan los ejemplos de Alfonso Guerra -partidario, dicen, de aplicar el artículo 155 de la Constitución, que prevé el «cumplimiento forzoso» de las obligaciones de las comunidades autónomas con el Estado- o del ex ministro José Bono, que llegó a contemplar la intervención policial para impedir el referéndum. El resultado: una olla a presión, que no parece vaya a estallar antes de las elecciones generales previstas para la primavera del año que viene y quizá tampoco después. Es mucho lo que está en juego y resulta aconsejable meditar cada movimiento, concluyen unos y otros.

LOS PRESUPUESTOS

Se mantiene la expectativa

El clima de precampaña que se respira ya en Madrid -y prácticamente también en Euskadi, tras el anuncio de Ibarretxe de que disolverá la Cámara de Vitoria y convocará elecciones anticipadas, posiblemente a finales de 2008, prosperen o no sus planes- no hace sino enredar aún más el ovillo.

La delicada situación parlamentaria de Zapatero, que no tiene ni mucho menos asegurado el apoyo de CiU, ERC e IU a los Presupuestos Generales del Estado, le obliga a no cortar amarras con un PNV del que depende en buena medida el futuro de su proyecto económico. Unas cuentas -las últimas de las legislatura- que, según apuntan en medios socialistas, de ninguna manera se puede permitir prorrogar, habida cuenta del cuantioso desembolso que ha prometido en gastos sociales como el denominado 'cheque bebé' o las ayudas a la compra y alquiler de vivienda.

El pacto estaba sellado con el grupo jeltzale en el Congreso tras el acuerdo alcanzado en julio en torno al Cupo e implicaba un mutuo compromiso de apoyo al Presupuesto de Zapatero en Madrid y al de Ibarretxe en Vitoria. El ministro Pedro Solbes y el parlamentario Josu Erkoreka tenían todos los cabos atados. El golpe de timón del lehendakari dio al traste con los consensos labrados hasta entonces aunque, hoy por hoy, todas las fuentes consultadas coinciden en que hay altas probabilidades de reconducir la situación -una «expectativa razonable», según el PNV-, dado el interés de los socialistas en no perder a uno de sus más valiosos aliados parlamentarios.

De ahí, su «firme pero prudente» respuesta a Ibarretxe, aunque a los nacionalistas les haya chirriado -y mucho- la alusión de la vicepresidenta De la Vega al «desvarío» del aludido. En los cálculos preelectorales del PSOE entra, de hecho, una victoria pírrica frente al PP que le exija apoyarse en otros grupos minoritarios para gobernar: sus opciones preferentes pasan por los nacionalistas vascos y los convergentes. En la actualidad, buscan denodadamente su respaldo para aprobar leyes 'estrella' como la de Memoria Histórica o la que permitirá al Estado abonar 2.500 euros por recién nacido -cruciales para afrontar la campaña con un bagaje de hechos probados-, cuya suerte se decidirá en los próximos días. «Con el grupo del PNV sí se estaban produciendo acuerdos importantes. Es verdad que no podemos renunciar a esa colaboración», reconocen.

Las dos partes implicadas tratarán de reencauzar la entente presupuestaria hasta el próximo miércoles, la fecha tope para presentar enmiendas de totalidad. Es probable que, si el PNV no ha obtenido para entonces una garantía de correspondencia a finales de año en la Cámara vasca, registre la suya. No obstante, quedaría tiempo hasta el día 24 -la fecha del Pleno- para retirarla. Los principales damnificados por la decisión de Ferraz podrían ser los socialistas vascos, forzados a hacer un gesto de difícil 'venta', dado que llegaron a condicionar públicamente cualquier apoyo a Ibarretxe a que guardara en el cajón sus tentativas soberanistas. La solución pasará posiblemente, según los cálculos del PSOE, por evitar que la Cámara vasca tumbe el Presupuesto del lehendakari sin apoyarlo expresamente.

LAS INSTITUCIONES ALAVESAS

Agirre, bajo la espada de Damocles

Una vez más, Álava se perfila como la piedra de toque de la fortaleza de los vínculos entre PNV y PSE. Aunque el líder de los socialistas alaveses, Txarli Prieto, no ha guardado ni mucho menos silencio tras el anuncio de Ibarretxe -confirmó el nuevo aplazamiento 'sine die' de la fusión de las cajas y lanzó un serio aviso al diputado general sobre su continuidad- lo cierto es que los ánimos parecen en proceso de serenarse. Según los jeltzales, en parte gracias a la labor apaciguadora emprendida por ciertos dirigentes socialistas desde Madrid.

Paradójicamente, recuerdan, será un hombre de Egibar -Iñaki Gerenabarrena, el líder del Araba buru batzar- el encargado de mantener los equilibrios en el territorio y evitar que los hechos se precipiten. De momento, ha acusado de «chantaje» a los socialistas y ha avisado de que puede retirarles a su vez el apoyo en el Ayuntamiento de Vitoria. Pero las luces de máxima alerta aún no se han encendido en el PNV. «Nos interesa a todos que las cosas vayan bien. Estamos obligados a entendernos», dice un cualificado afiliado alavés.

Aunque se ha barajado, la moción de censura a Agirre en colaboración con el PP está totalmente descartada, al menos hasta después del período electoral. Los socialistas no están dispuestos ni mucho menos a escenificar una entente con el partido de María San Gil -que acusa al Gobierno de «alentar» el independentismo- en vísperas del duelo Zapatero-Rajoy, convencidos de que semejante paso podría interpretarse por el electorado como un retroceso a la estrategia de confrontación entre abertzales y no nacionalistas que Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo ensayaron en 2001. Y en el PSE están decididos a apostar por la vía que ya pusieron en práctica en 2005 y que se saldó con la pérdida de 140.000 votos para la coalición PNV-EA.

Pero la espada de Damocles penderá sobre Agirre durante toda la legislatura, porque los socialistas no cierran ninguna puerta. «No puede ser que la tercera fuerza gobierne Álava con el desafío de Ibarretxe encima de la mesa y con una mayoría de no nacionalistas en contra. No es compatible ni lógico ni posible», advierten.

PERSPECTIVAS ELECTORALES

La batalla se disputa en Euskadi

De hecho, los socialistas dirigen su vista, por supuesto, a ganar las generales pero también a las próximas autonómicas, convencidos de que el único terreno donde se puede plantar cara a Ibarretxe y derrotarle es el de las urnas, más allá de los muros jurídicos que se levanten para intentar contenerle.

Esa estrategia pasaría por modular el mensaje y oponerse a la consulta del lehendakari con firmeza -por asumir la agenda de ETA e incluso traicionar a las víctimas-, pero a la vez ofrecer un discurso «constructivo» en el que el PSE aparezca como el nuevo líder de la transversalidad vasca. El presidente peneuvista ya advirtió en su despedida de que el 'quid' de la cuestión pasaba por dilucidar quien se situaría a la cabeza de los pactos transversales, los peneuvistas o los socialistas.

«Imaz ya se ha ido. Asumamos que el PNV sólo cambiará cuando pierda las elecciones», dicen en el PSOE, que cifra en un 40% la porción de electores que, aun votando al PNV en las autonómicas, podrían fluctuar hacia un socialismo vasquista. Y hacia ellos enfoca su mirada, mientras los jeltzales cruzan los dedos ante el aún incalculable riesgo de la apuesta de Ibarretxe.
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