Eran las 8.15 de la mañana del domingo -14.15 hora local china- cuando una llamada temprana de Juan Carlos González a su casa de Betolaza anunciaba la nueva gesta del cabeza de familia. Su mujer, Rosa, atendía expectante el teléfono en cuyo hilo 'asomaba' emocionada la voz rasgada de su marido. «Estamos aquí los tres, Alfredo -García-, Xabi -Alzola- y yo. Lo hemos conseguido. Estamos en la cumbre». «A tres cuartos de hora viene Santi -Martín- y Javi -Txikon- se ha quedado en el camino. En los últimos 300 metros hemos tenido que soportar una ventisca, pero hemos llegado». Sus palabras calmaban de inmediato los nervios ponderados de Rosa. La reacción inmediata consistía en hacer llegar a los tres hijos y dos nietos del matrimonio la hazaña de un alpinista bendecido con el espíritu noble de la montaña. El suspense, aún, quedaba sometido al descenso de la cima.
A sus 55 años, Juan Carlos González sigue volcado con una pasión que en el año 2000 llegó a jugarle una mala pasada. Su ascensión al Everest supuso una gesta para un aficionado a la montaña sin más pretensiones que el medir sus fuerzas con el medio hostil que representa la naturaleza en estado puro. Entonces, este cántabro nacido en Castro Urdiales pero residente en Álava desde hace 32 años puso en tela de juicio el presupuesto ingente de otras expediciones que por exceso de celo tuvieron que volverse a medio camino de la preciada cumbre. González hizo saltar la banca del alpinismo 'profesional' al conseguir lo que otros no pudieron. El 'mal de la montaña' se 'quedó' con siete falanges de los dedos de sus manos. Con humildad, el cántabro de origen y juventud afrontó el pago impuesto por el destino. Sin apenas tiempo para adentrarse en el terreno de los pesares, en cuanto tuvo ocasión acudió de nuevo a los brazos de la montaña. Su constancia ha sido premiada con un logro al alcance de los elegidos.
«Estamos bien»
Tras pasar la noche del domingo al lunes en el campo dos y descender hasta el campo base, el milagro tecnológico permitía una toma de contacto con EL CORREO. «Estamos bien, pero Xabi -Alzola- tiene un dedo del pie un poco tocado. Esperamos que se recupere para que pueda afrontar el Shisa Pangma. Nos estamos hidratando todo lo que podemos y esperando a que descienda Txikon para emprender la marcha a Katmandú», relataba. «La verdad es que todo lo que me ha fallado en otras ocasiones, que ha sido el tiempo, esta vez ha jugado a nuestro favor. Gracias a todos por vuestro interés». Su esfuerzo no merece menos.






