
Una vez que se ha dado la voz de alarma, como primer paso se crea un puesto de control, que dirigirá a los grupos individuales de espeleosocorristas y jefes de equipo. Suelen ser en su mayoría expertos espeleólogos y deben hacer frente a un sinfín de dificultades, tanto técnicas como físicas.
Cada equipo está formado por entre cinco y siete personas, y deberá evaluar e instalar los anclajes y sistemas de cuerdas necesarios para superar los diversos obstáculos que se encontrará la camilla a lo largo del trayecto subterráneo. Debemos pensar que cuando tiene lugar un accidente a una profundidad de más de 200 metros puede llegar a tomar parte hasta un centenar de personas. Cargados con cuerdas, mosquetones y anclajes, y una gran voluntad, sólo piensan en que el rescate acabe con éxito en el menor tiempo posible.
En mi experiencia como espeleólogo he intervenido en dos rescates. En el año 2000 participé en la parte operativa del dispositivo montado para recuperar el cuerpo sin vida de nuestro compañero de equipo Alfonso Antxia, que murió en un sifón de la Fuente Azul de Hortigüela, en Burgos. Fueron siete días de angustia porque siempre te queda la esperanza de que pudiera estar en un burbuja de aire. Fue un rescate agónico. Una tragedia.
En otros casos hay un final feliz. En 1995, en la Cueva del Sueño del karst del Pagasarri (Bilbao), rescatamos a un compañero que sufrió un accidente en un meandro cuando trataba de atravesarlo. Se resbaló, cayó desde siete metros de altura y se partió el tobillo. Para rescatarle, al haber tantas estrecheces, se pensó en volar con microvoladuras algún tramo para poder pasar la camilla, pero al final encontré otra boca de salida que nos permitió realizar una evacuación rápida.
Cuando localizas a la persona herida allí abajo hay que darle ánimos, hacerle comprender que sacarle es una prioridad. Son rescates que a veces duran días, como este de Navarra. Los médicos espeleólogos llegan a montar un quirófano subterráneo si hiciera falta y cuelgan hasta los sueros. Se trabaja a turnos, noche y día. Mientras tanto, el herido agradece que le des confianza, que esté tranquilo, que sepa que está rodeado de un gran equipo.






