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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

GENERAL
«Obsesionada» por las cuevas
Annette van Houtte lleva décadas con la espeleología como «modo de vida»
08.08.07 -
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«Obsesionada» por las cuevas
Annette, pertrechada de equipo.
«Tuve la suerte de conocer a una chica, Annette, que estaba tan obsesionada como yo por la espeleología», escribe Paul De Bie en la web del club que preside, Avalon. Los deportistas contrajeron matrimonio en 1988 y, desde entonces, han pasado una insólita cantidad de horas juntos bajo tierra, avanzando por agujeros estrechos, húmedos y peligrosos, con todos los signos de ser una pareja feliz. Incluso han contagiado el veneno de las grutas a sus hijas, Kim y Ellen, dos adolescentes que suelen acompañarles en sus expediciones. «La espeleología se ha convertido en un modo de vida y, desde hace 20 años, no hay ni un día en el que uno de nosotros no esté haciendo algo relacionado con ella».

Paul, que formaba parte del grupo, y Annette admiten unos «intereses amplios» en lo tocante a su disciplina, lo que viene a significar que les atrae todo lo referente a las cuevas con la única excepción del espeleobuceo. «Soy un deportista, me gusta la espeleología dura, física, y lo mismo sirve para Annette», explica en su página el marido, que no duda en bromear con las connotaciones masoquistas de la exploración de cavernas: «Pasarlo mal en una cueva profunda o difícil es algo que sitúo alto en mi lista de cosas favoritas. En realidad, todo es bueno mientras pueda estar bajo el suelo, en la oscuridad de una cueva».

Como él, Annette van Houtte ha recorrido mucho subsuelo en más de dos décadas, y eso, en una especialidad tan compleja y exigente, suele incluir alguna mala experiencia. Pero, desde luego, sabe bien lo que hace y ya ha visitado en varias ocasiones la zona de Piedra de San Martín. El club Avalon realiza desde 1997 una expedición anual a este sistema hispano-francés e incluso figura como descubridor de algunos de sus pozos. De hecho, los miembros del equipo, gente muy jovial, han fabricado un trofeo con piedra caliza y poleas desgastadas y lo entregan cada año a la persona que más se destaque en la correspondiente expedición pirenaica. Annette lo ganó en 2002, pero este año seguramente deberían concedérselo de nuevo.
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