
El accidente se produjo a media mañana, minutos antes de la once. Una llamada de emergencia al servicio 112 alertó de que un hombre yacía inmóvil entre las rocas, una zona de «difícil acceso». Acto seguifo, se activó el dispositivo de rescate, en el que actuaron varias dotaciones de Salvamento Marítimo, el servicio de Emergencias Sanitarias 061, personal del servicio de playas de Níjar y la propia Guardia Civil, que movilizó la lancha 'Río Jiloca'.
El cuerpo de Daniel, según explicó un portavoz del Instituto Armado, estaba en una zona de complicado acceso conocida como Isleta del Moro, adonde logró llegar después de sufrir un desfallecimiento. El rescate se produjo media hora después, sobre las 11.30 horas. Desde el momento en el que los agentes dieron con el cuerpo de Daniel, que ya se encontraba en parada cardiorrespiratoria, lo evacuaron en apenas ocho minutos hasta tierra firme, donde esperaba el helicóptero movilizado por el 061. Sin embargo, pese al esfuerzo de los sanitarios, las maniobras de reanimación resultaron baldías .
Como cada salida, Daniel la hizo acompañado de un reducido grupo de deportistas de las más diversas procedencias, guiados, a su vez, por un profesional que hacía las veces de guía -los grupos se integran, en general, de unas seis personas-. Al parecer, poco después de iniciar el recorrido, el guía se percató de que el aficionado vitoriano tenía problemas al comprobar, según la versión ofrecida por varios testigos, que se encontraba en la superficie.
Zona tranquila
Uno de los instructores que se hallaba en la zona, aunque guiando a otro grupo, era Chema, de origen vitoriano -aunque ahora reside en Almería- y perteneciente al club Nereida de la capital vasca. Durante las maniobras de emergencia, se encontraban bajo el mar, aunque sí se percataron del revuelo que había en la superficie. «Todo fue muy rápido», recalcó.
La inmersión era de lo más sencilla, al ser una zona donde las profundidades máximas que se alcanzan no pasan de catorce metros -en el Cantábrico se superan los veinte-. Sin embargo, rara es la ocasión en que se superan los seis o siete. «La zona es muy tranquila y en contadas ocasiones se registran accidentes. De hecho, todo apunta a que lo de hoy -por ayer- no ha sido una mala práctica de submarinismo, sino una fatalidad, un infarto que a todo el mundo le puede llegar en el momento menos esperado», coincidieron varios responsables de clubes de la zona. Es decir, que no falleció por descompresión o sobrepresión, las causas más habituales.
Daniel estaba matriculado en el centro de buceo Subparke de la localidad de Rodalquilar, a escasos kilómetros del lugar del siniestro. Uno de sus componentes confirmó a este periódico lo sucedido y evitó hacer más declaraciones hasta que se efectúe la autopsia. En Vitoria, por su parte, Daniel frecuentaba la agrupación Araba Sub, aunque solía viajar por su cuenta.







