
Gonzalo Miró también se ha trabajado este invierno los abdominales a conciencia. Pero, total, ¿para qué? Yo creo que es lo que él mismo ha estado pensando estos días, a bordo del yate de su jefa. Nada, que te pasas meses y meses machacándote los músculos para 'épater' a la 'bourgeoise' de Eugenia y al final acabas teniendo un verano más azul y familiar que el de Chanquete, todo el día de excursión con la jefa, el marido de la jefa y los hijos de la jefa...
Yo creo que esas imágenes de Gonzalo en la lancha de Concha García Campoy responden a una estrategia concreta. Eso ha sido una carta de amor encabezada con un «quien pueda interesar...» en la que Miró le viene a decir a su chica: «Mírame, duquesa, estoy hecho un queso. Ahora mismo podría tenerlas a pares... Y, sin embargo, aquí me tienes, deshojando la margarita. Soy lo que se dice un santo...».
Y es que estos dos están pasando un verano más crítico y necesitado de reflexión que el PSN. Lo suyo parece una crisis a la navarra. Sólo que no me atrevo a vaticinar si volverán a pactar o el cisma es ya definitivo. Ella, de momento, se ha bajado a Marbella y ha retomado la amistad con el hamaquero, un hombre que posee la gran virtud de estar siempre localizable y visible en horas de trabajo. Bien es verdad que es porque no le queda otro remedio. Pero, qué quieren, esa transparencia y estabilidad se agradecen. Sobre todo, después de una ruptura. Yo me imagino al hamaquero diciéndole a su amiga Eugenia: «Pase lo que pase, que sepas que a mí siempre me tendrás aquí...» Y lo bueno es que no miente. Son las verdades del hamaquero.
Pero Eugenia no es la primera ni será la última que pasa un verano sin pareja estable. Penélope Cruz, por ejemplo, figura en la misma lista. Sólo que Pe no se conforma con el chico de las hamacas. Ella busca directamente al dueño del chiringuito: de Bono y Puff Diddy, para arriba. ¿Debería temblar, quizá por primera vez en su vida, la imperturbable Soon Yi?






