
Aparte de las riadas que continúen causando el desbordamiento de los ríos, el principal peligro reside ahora en la proliferación de epidemias debido al agua estancada, las altas temperaturas superiores a los 35º y a las deficientes condiciones sanitarias e higiénicas. Así lo reconoció ayer el ministro jefe del estado de Assam, Tarun Gogoi, quien advirtió de que estaba «realmente preocupado por un brote de epidemias de malaria y encefalitis».
Situado al este de India, Assam ha sido, junto a los estados norteños de Uttar Pradesh y Bihar, uno de los más afectados por el monzón. «El daño causado por las inundaciones este año ha provocado una enorme pérdida de propiedades y vidas humanas», se lamentó Gogoi, quien cifró en tres millones el número de evacuados que han tenido que abandonar sus hogares por la crecida de las aguas en 26 de los 27 distritos de dicho estado. De todos esos damnificados, sólo 200.000 han podido encontrar refugio en los campamentos levantados por el Gobierno, por lo que la mayoría vaga sin comida ni agua potable por unos campos anegados cuyos cultivos han quedado totalmente arrasados.
Y es que sólo en India han fallecido ya unas 1.200 personas, entre las que destacan las 39 que perdieron la vida durante las fuertes precipitaciones registradas el sábado por la noche en Uttar Pradesh. En dicho estado próximo a la capital, Nueva Delhi, se han contabilizado unos 125 muertos y 1,4 millones de evacuados, al tiempo que 2.400 localidades han quedado sepultadas bajo las aguas.
Bihar, la más afectada
Pero la región que más ha sufrido el monzón ha sido la vecina Bihar, donde 91 personas han muerto y once millones de damnificados han huido de sus casas. En este sentido, las riadas han derribado 70.000 viviendas y han anegado 19 de los 36 distritos de dicho estado, fronterizo con Nepal.
Para los que han sobrevivido a la catástrofe, la principal prioridad consiste en encontrar agua potable y comida en buenas condiciones con el fin de evitar enfermedades como la diarrea o la disentería. Por ese motivo, cuatro helicópteros del Ejército se esforzaban ayer en volar a las zonas más devastadas para lanzar alimentos, medicinas y ropa a la población.
«Cada piloto lleva a cabo doce salidas al día y han informado de la gran destrucción que ha asolado al centro y al norte de Bihar», indicó en Kolkata el portavoz del Ministerio de Defensa, Armes Kumar Das, para paliar las críticas que ya se empiezan a escuchar por la ausencia de las autoridades locales y centrales en las regiones que se han visto afectadas.
Mientras tanto, a la capital llegan testimonios estremecedores como el de Siraj Ahmed, quien, entre lágrimas, explicaba en televisión que se había visto obligada a dividir «un pequeño trozo de pan entre mis cuatro hijos para sobrevivir».
Hasta septiembre
Lo peor de todo es que las fuertes lluvias del monzón continuarán hasta septiembre. Como cada año, comenzaron en junio y han causado pérdidas millonarias al inundar cultivos y pueblos, pero en esta ocasión han resultado especialmente virulentas.
Una desgracia más para el mísero sudeste asiático y, sobre todo, para India, un gigantesco país con infraestructuras y servicios tercermundistas donde un tercio de sus mil millones de habitantes vive con menos de un euro al día a pesar de que su economía crece cada año un 9%. Y es que nunca llueve a gusto de todos, menos aún cuando hay semejantes desigualdades entre ricos y pobres.






