
Y es que los músicos del mariachi, procedente del estado de Guanajuato, y los bailarines del Ballet folklórico de Guadalajara (Jalisco) llevaban unos trajes impecables, blancos los músicos, negros los hombres danzantes y multicolores sobre fondo blanco las chicas. Además, allí cantaban todos, aunque las partes del solista se las reservaba uno de los violinistas. Nunca mejor dicho que cantaban todos, porque el público también participó. La verdad, ¿qué popular es el folklore del país azteca!
Tomás Pitayo, que es el director del mariachi, explicaba que en la gira callejera del día de la Virgen se iban a centrar más en el folklore del estado de Jalisco. Anteanoche, en su actuación en la Plaza de la Provincia, hicieron «músicas de los diferentes estilos y de las distintas procedencias dentro de México y lo fuimos explicando. Teníamos un público encantador y conocía casi todo lo que tocamos, los corridos, las rancheras y el repertorio de la revolución».
El lazo
Lo más espectacular eran los bailes del joven que manejaba un lazo con considerable soltura. No sólo actuaba durante las paradas de los músicos y bailarines, sino que también iba al frente del pequeño desfile sin dejar de mover al compás ni un momento ni su cuerda ni su cuerpo.
Chicas y chicos del cuerpo de baile también sacaban a gente del público a bailar. Algunos lo hacían muy serios, muy circunspectos. Otros, como algún blusa ya veterano en el baile con abarcas, encantados de que una linda muchacha les invite a bailar. Seguro que no se han visto en esas en demasiadas ocasiones.
Otras personas estaban al acecho de que se pararan algunos para fotografiarse con ellos. Los jóvenes mexicanos se prestaban sin ningún problema. De paso, intentaban encajar algunos discos del mariachi. Toda ocasión es buena para intentar la venta.
La muy políticamente correcta interculturalidad reinaba en las calles vitorianas porque blusas y componentes del mariachi se abrazaban como sellando una amistad para siempre. No era la única muestra de las diferentes oportunidades para gozar de otras músicas y maneras de entender el baile. Junto a la plaza de Abastos, en el mercado árabe, se puede disfrutar de las danzas del vientre y de las habilidades de los chicos con un narguilé en equilibrio sobre la cabeza. Por las calles, el grupo de danzas orientales Ópera desgrana su habilidades. Y se puede uno reir con el estupendo ballet de tres enormes títeres, animados por una banda de percusión.






