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MIGUEL ASURMENDI, OBISPO DE VITORIA
«Sería injusto reducir la devoción a la Virgen Blanca a pura tradición»
Admite que se ha profundizado «el proceso de secularización» en Vitoria
04.08.07 -
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«Sería injusto reducir la devoción a la Virgen Blanca a pura tradición»
OBISPO DE VITORIA. Miguel Asurmendi, ante una imagen de la Virgen Blanca. / JESÚS ANDRADE
Miguel Asurmendi se prepara para presidir los cuatro actos religiosos de las dos primeras jornadas de fiestas, antes de iniciar sus vacaciones. Obispo de Vitoria desde septiembre de 1995, confiesa que su participación en los actividades profanas de los festejos es escasa. Y afirma que, aunque en los últimos años «ha se-guido profundizándose el proceso de secularización» en la ciudad, «sería injusto reducir la devoción a la Virgen Blanca a pura tradición».

-A su juicio, ¿qué transformaciones sociológicas y religiosas ha experimentado Vitoria desde 1995, cuando llegó para dirigir la Diócesis?

-En los aspectos sociológicos, la población ha aumentado por la inmigración y los barrios nuevos. Creo que también ha crecido la conciencia ciudadana crítica, y que la apertura hacia la cultura ha continuado desarrollándose. Es hoy una ciudad heterogénea y plural. En el aspecto religioso, ha seguido profundizándose el proceso de secularización. Y, al mismo tiempo, hay minorías religiosas conscientes de nuevas formas de vivir la fe cristiana a partir del Concilio Vaticano II. Hoy aumenta el número de cristianos conscientes y formados.

-¿Nota un crecimiento del laicismo en la sociedad?

-Entiendo por laicismo una actitud beligerante contra el hecho religioso de las personas y de la sociedad. Se perciben destellos de él en ciertas corrientes culturales, en los medios de comunicación y en el ámbito académico y educativo. También en algunas legislaciones y en algún grupo artístico proclive a no respetar los sentimientos religiosos de una parte notable de la sociedad. Las causas son complejas, pero no todas se derivan del desarrollo socio-cultural de la sociedad moderna, como quieren algunos.

-Las fiestas se articulan en torno a un hecho religioso, la festividad de la Virgen Blanca. ¿Cuál es el origen de su patronazgo en Vitoria?

-Es cualidad de la fe religiosa ser vivida y expresada en formas culturales, y una de ellas es la fiesta. En Vitoria, el patronazgo de la Virgen Blanca fue primero civil y más tarde religioso. En 1822 el Ayuntamiento, en sintonía con una tradición que venía de siglos, proclamó a la Virgen Blanca patrona de la capital alavesa. Un siglo después, el Papa Benedicto XV concedió el patronazgo religioso, tras una petición realizada por el señor Obispo, a instancias de la ciudad.

-Hoy día, ¿se honra a la Virgen más por tradición que por devoción?

-No es fácil dar un juicio preciso que afecta a una multitud de personas. Supongo que habrá de todo. Pero sería injusto reducir la devoción a la Virgen a pura tradición. Me consta que hay muchos vitorianos y alaveses que viven la fe y la expresan festivamente estos días.

Religiosidad popular

-De los actos religiosos, ¿cuál destacaría especialmente y por qué?

-Conozco y participo todos los años en las Vísperas, el Rosario de los faroles, el Rosario de la Aurora y la Eucaristía solemne. Cada uno tiene su sentido y valoración. Personalmente, me admira la cantidad de vitorianos que acude al Rosario de la Aurora y reza devotamente.

-¿Qué significado tiene para usted la procesión de los Faroles?

-Es claro que nace en el ambiente de una ciudad mayoritariamente religiosa y devota de la Virgen María. Y se la honró con un rosario de gran belleza. La tradición religiosa ha unido frecuentemente la belleza con las vivencias religiosas: la música, las flores, las poesías, los vestidos, las romerías ...

-¿Prima en ella más su indudable belleza estética que el fervor popular?

-No cabe formular juicios absolutos. Supongo que hay de todo. Pero puedo afirmar que muchos rezan, que muchos aplauden el paso de la Virgen y que algunos lloran. Creo que se palpa el fervor religioso.

-¿Cómo vive el Rosario de la Aurora?

-Me admira el gentío que se congrega a las siete de la mañana. Y me admira más la devoción con que muchos lo siguen. Es una expresión libre de religiosidad popular. Algunos cristianos encuentran en estas formas religiosas una expresión válida de los sentimientos que siguen albergando en su corazón. En este caso, de amor a la Virgen.

-¿Qué siente cuando algunas personas increpan a los asistentes o profieron gritos anti-católicos al paso del Rosario?

-Pena. La madurez humana exige respeto a los demás.

-Al margen de las ceremonias religiosas que preside estos días, ¿guarda en su agenda algún momento para el esparcimiento festivo?

-Suelo tomar algunos días de vacaciones a partir del 5 de agosto.

-¿Cumple usted alguno de los ritos propios de esas fiestas, como fumar un puro en el Chupinazo o ponerse pañuelo rojo o de cuadros?

-No me costaría mucho ponerme el pañuelo, por haber nacido en Pamplona. Pero lo evito por ser signo de la división entre diversas fuerzas políticas. Y el Obispo debe serlo de todos, evitando romper la unidad.

-¿Qué mensaje lanzaría desde aquí a los creyentes católicos de cara a los días de jolgorio que se avecinan?

-Que acudan a honrar a la Virgen Blanca. Es Madre que acoge, que escucha y que nos lleva al encuentro de Jesús, su Hijo. Que no reduzcan las fiestas a juergas y abusos. Alegría y buena convivencia, con dignidad y mesura.

-¿Y a los ateos, agnósticos o seguidores de otras religiones?

-Que disfruten selectivamente de la alegría de la fiesta. En estos días nuestro pueblo, en buena parte católico, los invita a compartir la alegría sana y la buena convivencia. Yo deseo a todos, creyentes y no creyentes, unas felices fiestas.
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