Celedón

-Dios, al séptimo día, descansó. ¿Qué plan tiene usted para su séptimo año?
-Mutar en Celedón y luego intentar ser un blusa más, algo que se complica porque cada vez eres más conocido. Aunque los de 18 para arriba me llaman Iñaki...
-¿Se siente como él cuando se encarama a la balconada y arenga a la ciudad?
-Es indescriptible. Se te pone la piel de gallina. Alguna vez he pensado, joé, diga lo que diga ahora, ¿todo el mundo viene detrás!
-Este año se verán dos celedones en lugar de uno. Raro, ¿no?
-No sé si cantaremos a dúo o qué, ja, ja. La pena es que va a haber una baja importante, pero en la balconada estaremos los tres. La estatua al final es él, José Luis Isasi. Y va a ser muy bonito.
-Los dos rubios y con ojos azules. ¿De veras cree que tienen el aire de un aldeano de Zalduondo?
-No lo sé, pero lo curioso es que mi abuela paterna y la de Iñaki, o una tía suya, eran primas. Vamos, que estamos emparentados.
-El doblete obedece a que cumple años. ¿Se siente cincuentón?
-Celedón puede aguantar doscientos. Mucha gente lo asocia ya a las fiestas de Vitoria, como los encierros a Pamplona. Lo que empezó como una broma fíjese como ha arraigado.
-Para celebrarlo les abrirán paso cuarenta blusas de paisano en lugar de la habitual escolta policial. ¿Irán como marqueses?
-No sé. En los últimos años ha habido una involución. Lo que tenía que ser un día para pasarlo bien todos se ha convertido en un 'a ver si lo hacemos más rápido y no hay ningún problema'. Llegas a la balconada y te dicen, '¿Gorka, nuevo récord!'. Y no es eso. Aunque tardemos veinticinco minutos, me gustaría disfrutar por primera vez del paseíllo.
-Irán con charanga incorporada. ¿Cómo se las van a arreglar?
-Con la colaboración de la gente. Es decir, con un poco de civismo y ganas de ayudar. No puede haber barra libre a la hora de demostrar afecto. Se trata de que haya fiesta, y eso nos compete a todos.
-En la balconada les esperarán el resto de promotores del símbolo de La Blanca. ¿Los bárbaros respetarán el aniversario?
-Se tiene que respetar. Además, éste es el año menos político. Ni siquiera el Chupinazo lo va tirar un político.
-En su caso, de seis veces que ha hecho el paseíllo, seis ha acabado en brazos de un alcalde del PP. ¿Le apretará igual a uno socialista?
-Sí, claro. Yo no soy votante del PP, pero ha sido mi alcalde. Además, ese día no soy Gorka, sino Celedón, que es apolítico.
La leyenda, para Landa
-Sea sincero. ¿Corrió a apuntarse al gimnasio en mayo o cuida su forma todo el año?
-Un par de meses antes procuro cuidarme. No es fácil porque tienes mucha vida social y, además, soy liante y fácil de liar... Pero tampoco hace falta ser Rambo para hacer de Celedón.
-¿Se parece en algo lo que le contó Iñaki Landa de la experiencia de ser Celedón?
-¿Hombre! Iñaki me contó las batallas bonitas. Recuerdo que el primer año, cuando llegué a la balconada y le vi, le dije algo que no puedo repetir.
-Ya lo digo yo: «Eres un cabrón»
-Ja, ja. No lo voy a decir. Y él me dijo: 'todo no te podía contar; hay que vivirlo'. La verdad es que es duro, aunque luego siempre merece la pena.
-Apuesto a que tal día como hoy se arma con un amuleto.
-... Bueno, sí. Llevo la txapela de Iñaki Landa. La heredé. Por eso, según bajo la escalera, me la quito y la agarro fuerte. No quiero perderla. Pero se la devolverá para hoy. Y tengo un anuncio que hacer.
-Adelante.
-Este año el que quiera ligar en fiestas tendrá que tocarle a él. Todo empezó con él y eso también se lo devuelvo, ja, ja.
-Escuche: «No estaré en el cargo más de 20 años», dijo hace 6, en su debú. Las matemáticas dicen que le quedan 14. ¿Cómo lo ve?
-Pues, que voy a hacer ya un tercio y que se me ha pasado como una exhalación.
-La última. ¿Lo de su melena es para que se le distinga de Landa?
-¿Qué guerra da mi pelo! No, porque me gusta llevarlo así. Pero no os preocupéis, que hoy me veréis con el corte adecuado.







