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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

Política

POLÍTICA
El PNV compensa la pérdida de 37 alcaldías con el gobierno de las tres diputaciones
Los resultados electorales obligan a los partidos a hilar hasta 16 tipos diferentes de pactos en el País Vasco y acabar con la política de bloques La entente PNV-EA logra nueve alcaldías, EA-ANV siete y PSE-EB cinco
31.07.07 -
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El PNV compensa la pérdida de 37 alcaldías con el gobierno de las tres diputaciones
RECIÉN NOMBRADO. Agirre posa con el bastón de mando tras ser elegido diputado general de Álava. / I. ONANDIA
La elección el pasado jueves de Xabier Agirre como diputado general de Álava y la constitución, el viernes, de las gestoras de Ondarroa y Mendexa han completado el mapa político vasco, dos meses después de las elecciones. Con una rápida conclusión: el gobierno de las tres diputaciones para el PNV -aunque en minoría, no se daba desde 1999- ha amortiguado la pérdida de votos y de 37 alcaldías por parte del partido de Imaz. «La foto de hoy es distinta a la que propiciaron los resultados electorales», reconoció a EL CORREO el portavoz del Euskadi buru batzar, Iñigo Urkullu. La dirección peneuvista es consciente del «importante aval» que supone tener en su mano las cuatro cartas más importantes de la baraja política. «El lehendakari y los tres diputados generales tienen su peso», describía el propio Urkullu.

El análisis más extendido entre la clase política es que el Partido Nacionalista ha sabido «salvar los muebles» tras sus peores registros desde 1987. Las urnas contabilizaron 308.213 papeletas a su favor, muy lejos de las más de 498.000 que los jeltzales consiguieron cuatro años antes, entonces en coalición con EA. La diferencia apenas mejora con los votos cosechados ahora por la formación de Errazti, que ronda los 70.000 apoyos.

El partido de Imaz es consciente del «aviso», pero las sensaciones han variado. Del pesimismo al alivio. «Nuestros resultados no fueron todo lo buenos que deseábamos, pero los de los demás tampoco han sido mejores», concluye Urkullu. El cambio de gesto tiene mucho que ver con el trabajo de despacho de los jeltzales. «Han sabido leer la situación, jugar y atar las alianzas», explicaba un analista político.

Una lectura, a la inversa, sirve para el PSE, al que todos veían como el triunfador. Ha pasado de la euforia a la decepción. No haber podido materializar la imagen del primer diputado general socialista ni en Guipúzcoa ni en Álava ha tornado en frustración lo que en los ayuntamientos se traduce en una mayor cuota de poder con 43 concejales más, con la makila en 18 alcaldías -dos más- y con el mando en dos de las tres capitales.

Los socialistas se han movido peor en el enorme galimatías que originaron los ciudadanos con sus votos. Desde el PSE sostienen que mucha culpa la tiene «la inercia nacionalista». «Aunque PNV y EA han ido por separado, después han mantenido una unidad. Sólo buscan el poder entre ellos», sostiene el socialista Rodolfo Ares. Como ejemplo pone los ofrecimientos al grupo de Errazti para gobernar Guipúzcoa y que fueron rechazados.

Nuevos acuerdos

Los resultados del 27-M han «trastocado» la «política de bloques» que ha dominado la política vasca en la última década. La división entre PNV-EA-EB, por un lado, y PSE-PP, por otro, ha claudicado. De hecho, la fórmula del tripartito ha quedado reducida a dos municipios -Arrigorriaga y Astigarraga-, en lo que populares y socialistas analizan como «la muerte» de la fórmula que sostiene a Ibarretxe.

No obtiene, sin embargo, mejores resultados la entente PP-PSE. Socialistas y populares han cerrado un acuerdo en Basauri y tratan de ultimarlo en Barakaldo y Portugalete. Atrás queda el entendimiento que caracterizó a ambos en las dos principales instituciones de Álava la pasada legislatura.

La mala relación que los constitucionalistas mantienen se ha dejado sentir en los tres territorios. Los populares critican que no haya habido un mayor 'feeling' para atar más alcaldías conjuntas. «A los socialistas les ha temblado el pulso ante el PNV. Como siempre. Han tenido miedo. Podían haberle dado un fuerte golpe, pero no han querido firmar con nosotros», sostiene Leopoldo Barreda. Como ejemplo pone la Diputación alavesa, donde los populares fueron la primera fuerza, seguida de los socialistas. En el mismo zurrón colocan a Getxo, donde un pacto habría destronado al PNV de la tercera localidad de Vizcaya.

El PSE ha trabajado como opción preferencial las alianzas con Ezker Batua-Aralar. Después de años de pésimas relaciones, las escuadras de López y Madrazo comparten gobierno en cinco ayuntamientos. San Sebastián es el de mayor poderío, seguido de Andoain, Lasarte-Oria, Zumarraga y el vizcaíno de Sestao. Esta colaboración, que no se pudo concretar en el ejecutivo de Álava ni en Basauri, ha encendido todas las alarmas en el PNV, que tilda de «desleales» muchos de los comportamientos de su socio menor en Lehendakaritza. «EB está haciendo cosas difíciles de asumir», advierte Iñigo Urkullu.

La formación de izquierdas se defiende con el argumento de que, de haber querido, hubiera podido «doblar» su poder. Además de la alcaldía de Labastida -la primera-, gobierna en coalición en otros 15 consistorios. «Podríamos haber firmado en muchísimos más, pero hemos preferido quedar en la oposición por falta de programa», sostiene Gorka Urkiza, responsable de organización institucional.

Transversalidad y agravio

La tan socorrida transversalidad de la que hablan muchos se ha dejado sentir ya en los pactos. Hasta 16 fórmulas distintas se pueden observar en las principales localidades vascas. La más repetida, en nueve ocasiones, es la de PNV y EA, perpetuada en Hondarribia, Oñati, Elgoibar, Amorebieta y Ortuella, entre otros. Negocian, además, en Galdakao, según portavoces de EA. Le sigue por volumen la que el partido de Errazti ha suscrito con ANV. Gobiernan juntos en siete consistorios, con algunos pactos tan sonados como los de Zumaia y Azpeitia -con EB-Aralar añadida al equipo de gobierno-, dejando en la oposición a la lista más votada, del PNV.

Gernika y Deba también mantienen acuerdos similares, aunque EA obtuvo más papeletas. La formación de Imaz conserva en el zurrón de «agravios» lo sucedido en Muskiz, donde quedaron desbancados por un acuerdo EA-PSE. Menos problemática fue la ligazón entre estas dos últimas formaciones para regir Eibar.

A partir de ahí todas las opciones posibles han quedado sobre el tapete municipal, con un signo común: el PP sólo se ha unido en los tres casos citados con el PSE y en Gorliz con independientes, EB y EA para arrebatar el mando al PNV. Los dos grandes partidos vascos, PNV y PSE, han olvidado su rivalidad en cinco localidades para compartir gestión. En Azkoitia y Orduña, mano a mano; en Ordizia y Rentería, junto a EA; y en el vizcaíno Zaldibar con un independiente.

La aparición de ANV en el tablero -es la segunda fuerza, con 33 alcaldías- también ha dado su juego. Además de los acuerdos con EA, los aeneuvistas gobiernan con EB-Zutik en Mondragón y mantienen cierta cooperación con el partido de Madrazo en Legazpi. En Bergara, Acción Nacionalista firma los proyectos junto a su escisión Aralar. No falta, incluso, un acuerdo con el PNV, que otorgó la alcaldía a los jeltzales en Valdegovía. En esta línea es curioso el acuerdo entre peneuvistas y verdes en Mutriku.

Caso aparte parece ser el territorio alavés, donde el retraso en la configuración del Gobierno foral ha provocado que no se hayan materializado pactos en los ayuntamientos. Las minorías dominan. De los socialistas en Vitoria, del PNV en Llodio, de EA en Amurrio En los tres casos no se descarta que en las próximas semanas se alcancen acuerdos.

Esta situación de inestabilidad también se reproduce en los otros dos territorios. La mayoría afectan a los jeltzales, como en Durango, Getxo o Sopelana. El PSE lo sufre en Irún y Trápaga, entre otros. Mientras que EA lo experimenta en Zarautz. «Los ciudadanos quieren que trabajemos», coinciden en explicar varios dirigentes políticos.
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