
El rey utilizó en su discurso ambas expresiones -«autodeterminación consensuada» y «autonomía»- aunque insistió en que Rabat «sigue dispuesta a negociar (...), pero únicamente a propósito de la autonomía y nada más que de la autonomía» y que la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental es «plena, perenne e inalienable». Esta matización de Mohamed VI contrasta con la posición del independentista Frente Polisario, que considera que el término «autodeterminación» incluye la opción de la independencia del territorio, posibilidad que rechaza tajantemente Marruecos.
«Vamos a seguir tendiendo la mano a las verdaderas partes en este conflicto», añadió el rey en un discurso transmitido por televisión después de la ceremonia de aniversario, celebrada en el palacio Marchane de Tánger.
En cuanto a la primera ronda de negociaciones directas sobre el Sáhara, auspiciadas por la ONU los pasados días 18 y el 19 de junio en Manhasset, cerca de Nueva York, Mohamed VI afirmó que su país participó de buena fe. Además, refiriéndose a la próxima ronda que se celebrará los días 10 y 11 de agosto, añadió que seguirán «tendiendo la mano a todas las verdaderas partes concernidas» e intentarán convencerlas de «la oportunidad histórica» que representan tales encuentros.
Marruecos presentó a la ONU un proyecto de «amplia autonomía» para la ex colonia española, en el que defiende la formación de un Gobierno local, de un Parlamento y de una jurisdicción autónomos.
En otro momento de su discurso, el monarca alauí defendió la permanencia de la monarquía como una institución «ciudadana» y «marroquí auténtica», exenta de límites competenciales, en un país con un régimen basado en un islam «moderado y abierto».
Democracia
Mohamed VI aprovechó la intervención para explicar su concepto de la democracia, de la que afirmó: «Cualquiera que sea la legitimidad de la democracia clásica, estimamos necesario adecuarla y completarla con la democracia participativa moderna».
A propósito de los comicios legislativos del próximo 7 de septiembre, el rey afirmó que en las elecciones no está en juego la identidad del Estado marroquí o los fundamentos de su régimen, es decir, el «islam moderado y abierto». Añadió que tanto esa concepción de la religión como los conceptos de monarquía constitucional, unidad nacional, integridad territorial y democracia social «son objeto de una unanimidad nacional imprescriptible, puesto que no puede existir Estado sin constantes y sin valores sagrados».






