
Tras el nombramiento de Azurmendi como nuevo líder de los empresarios alaveses, los vocales de libre designación que fueron elegidos por el presidente saliente, Alfonso Sáiz y Xabin Iza, presentaron su dimisión, tal y como habían anunciado. En cualquier caso, el camino para solucionar la crisis de SEA comenzó a vislumbrarse en los comicios del pasado 28 de junio. La asamblea de ese día, que contó con un alta participación -se contabilizaron 545 votos- renovó parcialmente la junta rectora. El sector renovador consiguió una clara victoria y logró situar a seis de sus empresas en la nueva dirección, por sólo dos el sector oficial liderado por el propio Alfonso Sáiz, la auténtica 'mano derecha' de Zarceño durante su mandato. La construcción, ajena a las pugnas internas, obtuvo otros dos puestos en los primeros comicios en la historia reciente de SEA con dos listas diferentes.
Una vez renovada, la junta debía ser convocada para que los miembros tomasen posesión de sus cargos y se designase al presidente. El proceso, sin embargo, se ha retrasado prácticamente un mes, debido a las discrepancias sobre el rumbo que debía tomar la patronal entre el sector renovador y el oficialista.
«Presidente de todos»
La clave la ha tenido sin embargo el sector de la construcción, ajeno a las batallas por el poder, ya que sus cinco vocales eran fundamentales para inclinar la balanza en un sentido u otro. Desde el primer momento, abogaron por un candidato de «consenso» que pudiese hacer frente a los retos del futuro.
El nuevo presidente y su equipo -tiene opción a elegir dos junteros de libre designación- deberá nombrar asimismo un secretario general, cargo que ocupa provisionalmente Aitor Otaola, tras quedar abortado por la crisis el proceso abierto para cubrir la vacante que dejó la destitución pactada de José Manuel Farto.
Quienes conocen a Azurmendi, -que fue alcalde de Nanclares entre noviembre de 1990 y mayo de 1991, por el PNV- lo definen como «un hombre conciliador y un empresario muy competente». Puso en marcha su industria de ascensores en 1989, tras iniciar su carrera profesional como Ingeniero de Caminos en Zardoya Otis y desempeñar las funciones de director técnico y gerente en Electra Vitoria años más tarde. Su empresa cuenta con plantas en siete países y emplea a más de 200 personas. Tras su designación, Azurmendi se comprometió a «buscar el consenso siendo el presidente de todos los empresarios».






