Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

Sociedad

GENERAL
«Al fin se hace justicia»
Un colombiano nieto de españoles y bisnieto de vascos relata la historia de su familia y cómo cambiará su futuro cuando logre nacionalizarse
23.07.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
«Al fin se hace justicia»
EN FAMILIA. Alfredo Paredes, a la derecha, brinda con su mujer, sus dos hijos y su madre española.
«Y el abuelo un día, cuando era muy viejo, allende Galicia / me tomó la mano y yo me di cuenta que ya se moría. / Y entonces me dijo, con muy pocas fuerzas y con menos prisa: / 'Prométeme, hijo, que a la vieja aldea irás algún día, / y al viento del norte dirás que su amigo, a una nueva tierra le entregó la vida'». Esta estrofa de 'El abuelo', del cantautor Alberto Cortez, condensa la historia de los millones de españoles que emigraron y nunca más regresaron a casa. El tema es también la canción favorita de Alfredo Paredes Zamarriego. «Me emociono y se me ahoga la voz cada vez que la canto», confiesa.

Bisnieto de vascos, pero nacido en Colombia hace 41 años, Alfredo es uno de los 300.000 nietos de emigrantes que podrán acceder a la nacionalidad española gracias a la reforma del Código Civil que promueve el Gobierno. «Para mí ha sido una noticia bárbara. Tengo la intención de viajar a España para conocer mis raíces y, probablemente, trataré de asentarme allí con el objetivo de ofrecer una oportunidad de progreso a mis hijos. Sin esta reforma nunca podría haberlo hecho», reconoce.

La peripecia vital de la familia de este licenciado en Ingeniería de Telecomunicaciones y músico por vocación arranca en 1936, en plena Guerra Civil. Su «amado» abuelo materno, Román Zamarriego Arostegui, marinero afincado en el puerto gallego de El Ferrol, abandona España por motivos políticos. «Tuvo que dejar su tierra por culpa de Franco», recuerda con rabia su nieto. «No vino a Colombia por propia voluntad sino obligado», recalca.

Su abuela, Herminia Muñoz Francés, natural de Puerto de Mazarrón (Murcia), se queda en España. Ambos mantienen su relación de novios por carta. «En aquellos años las comunicaciones eran pésimas y te puedes imaginar la angustia que pasaron cuando las misivas tardaban meses en llegar», ilustra el ingeniero colombiano. Finalmente, ambos se casaron por poderes. La carta que anunciaba el consentimiento de Herminia tardó 90 días en arribar al país sudamericano.

Ya establecida en Colombia, la pareja española funda una pastelería-restaurante en una importante calle de Cali. «Mis abuelos tuvieron cinco hijos, la más pequeña de ellas es Sonia, mi mamá», afirma Alfredo, con orgullo. El trabajo duro y el buen hacer con la repostería le reportan a la familia de origen gallego y murciano fama y prosperidad. Pero el destino les vuelve a jugar una mala pasada y la reforma de la lujosa avenida obliga a cerrar durante más de un año el establecimiento. «El negocio se resintió y tuvieron que dedicarse a otras cosas», apunta el ingeniero.

Muerte trágica

En 1984, Román, el abuelo, fallece atropellado por una motocicleta. «Nunca pudo volver a España, ni siquiera de visita», evoca con tristeza Alfredo. Su abuela, que sobrevivió seis años a su marido, tampoco retornó nunca a su tierra. «Se ponía enferma de emoción y nostalgia cada vez que pisaba un aeropuerto».

Quien sí cumplió «el sueño» de viajar a España fue la madre de Alfredo. «Mi mamá hizo el Camino de Santiago y pudo conseguir, a través de una amiga, tierra de la casa donde nació mi abuelo en El Ferrol». Aún hoy en día, ese puñado de arena y piedras, contenido en la cáscara de un huevo cocido, se venera como una reliquia en la casa natal del ingeniero, donde se come frecuentemente caldo gallego y turrón de jijona y se siguen con fervor patriótico los partidos de fútbol de la selección española.

«Yo estoy muy orgulloso de mis raíces y es de justicia que, al fin, nos concedan la nacionalidad», apunta el colombiano, que actualmente se gana la vida con la música. Y es que hace cuatro años que le despidieron de la empresa eléctrica en la que trabajaba. En aquel momento Alfredo sentía la necesidad de emigrar a España para mantener a su familia, siguiendo el camino inverso que su abuelo había emprendido hacía 70 años. «Pero no podía, porque no tenía la nacionalidad y hubiera necesitado un contrato de trabajo y un año de residencia para poder naturalizarme. Gracias a Dios eso va a cambiar en breve», se felicita.

La nueva legislación supondrá un desagravio para la colectividad nacional en el extranjero. «En otros países europeos que también fueron emigrantes, como Italia, estas leyes se aprobaron hace años, así que, desde hace mucho tiempo, los descendientes de españoles asistimos con estupor al triste espectáculo de ver cómo muchos nietos de italianos, usurpando nuestro sitio, viven y trabajan en Madrid o Barcelona libremente, al tener el pasaporte de la UE», protesta.

Afortunadamente, ahora la situación del ingeniero en paro ha cambiado. «Me gano muy bien la vida con mi música». Por ello y gracias a la futura ley, si decide finalmente asentarse en España será por sus dos hijos: Angélica María y Antonio José. «Quiero darles una oportunidad. Tienen mucho que aportar a España». Así que Alfredo espera ansioso el momento de su nacionalización para poder satisfacer el deseo de sus antepasados y, como en la canción de Alberto Cortez, «decirle al viento del norte, el de Galicia que, a una nueva tierra, mi abuelo le entregó su vida».
Vocento
SarenetRSS