
Los hosteleros podrán por fin empezar a hacer el verano, porque este año las vacaciones se retrasaron hasta ayer. Exactamente hasta ayer por la mañana, porque la mayoría de los turcos de las grandes ciudades votaron en masa a primera hora para poder huir hacia las playas, en busca de alivio para el asfixiante calor de esta inclemente meseta de Anatolia, donde está la capital turca. Solamente la prudencia de la campaña electoral ha impedido anunciar las restricciones de agua que se esperan de un momento a otro, así que los ciudadanos han corrido en masa en busca de alivio a las temperaturas. Los que se han quedado, se concentraron enseguida frente a la sede del AKP para festejar una victoria que todos daban por hecha.
Según los datos prácticamente definitivos, el AKP ha logrado el 47,1% de los votos pero se ha quedado con 342 diputados, es decir diez menos de los que tenía en la legislatura pasada. Eso se explica porque en esta ocasión ha superado la barrera del 10% un tercer partido, el Movimiento Nacional (MHP) considerado el portavoz de los ultranacionalistas, kemalistas extremos, que con 14,5% se ha procurado 71 diputados. Parte de ellos se los ha quitado al opositor Partido Popular Republicano, que había pasado la legislatura defendiendo en solitario los valores tradicionales del republicanismo laico, pero que no ha convencido a mucha gente. Ha bajado un poco en porcentajes y se ha quedado en 111 escaños. Los restantes 26 diputados han sido para independientes, la mayoría kurdos, que podrán formar su propio grupo parlamentario.
Manifestaciones
No se dio el gran huracán electoral que pedía Erdogan para imponerse frente a los militares que no quieren verle ni a él ni a su ministro de Exteriores, Abdulah Gul, como presidente de la República, pero no cabe duda de que los que han perdido en estos comicios han sido los que salieron a la calle en las grandes manifestaciones de la primavera pasada para protestar por lo que creen un riesgo de islamización de la vida social y política.
«Nosotros somos los mas firmes aliados del estado laico y social -dijo el primer ministro a la hora de ir a votar en su feudo de Estambul-. Pido a los demás partidos que no cierren las puertas a la discusión de las cuestiones más fundamentales. Vamos a sentarnos en torno a una mesa para discutir los problemas de nuestro país». No le va a quedar más remedio, porque tal como han quedado los resultados -publicados por las cadenas de televisión antes de tiempo ya que una se equivocó y rompió el embargo preceptivo- tiene que empezar a buscar una salida a la crisis.
Hasta el último momento ha dicho que su candidato a la presidencia de la República sigue siendo Gul, pero que todo depende «de lo que diga». Ahora que ya no tiene que contar con las suceptibilidades de muchos de los «barones» de su partido que también dicen que querrían ser candidatos si Gul renuncia, los observadores creen que tendrá que acceder a negociar.
Ayer, cuando salió al balcón de la sede del AKP, ronco y demacrado -asegura que ha perdido ocho kilos en la campaña- dijo que la democracia turca había sido puesta a prueba y que ha salido airosa y reforzada. Era un mensaje sutil hacia los militares y el presidente de la República en funciones, Ahmed Necdet Secer, que durante los últimos meses ha vetado lo que el Gobierno le ha puesto sobre la mesa.
Tras estas palabras, el primer ministro anunció que continuará «trabajando por la unidad nacional» y en favor de las reformas políticas, económicas y sociales puestas en marcha durante los últimos cuatro años y medio. «Llevaremos nuestro Estado democrático, secular y social al nivel de la civilización contemporánea, allá a donde apuntó como objetivo Mustafá Kemal Atatürk», afirmó ante miles de simpatizantes congregados en Ankara. «Estad seguros: no importa por quién votáseis, seréis respetados. Tener diferentes puntos de vista es la riqueza de la democracia», agregó Erdogan en un guiño a quienes le acusan de tener una 'agenda oculta' para islamizar Turquía.






