
Contador llegó entero. Con chispa para reprender a Rasmussen. «Nada más entrar se lo he dicho. Hay que cumplir la palabra». Luego se calmó. El carmín de las azafatas selló su primera victoria en el Tour. La flores. Los aplausos. Ondeaba su maillot. Había euforia en su equipo. «Alberto ganará un Tour», pronosticaba Bruyneel, su director y el de los siete de Armstrong. «Es difícil. Todavía quedan tres etapas muy duras, incluida la 'reina'», se frenaba Contador. Cede casi dos minutos y medio. Quedan dos etapas de montaña y una contrarreloj llana, larga. En la anterior, la de Albi, el madrileño aventajó a Rasmussen en sólo 27 segundos. «¿La táctica a seguir? Habrá que probar al líder. Está fortísimo, pero también puede tener un día malo».
Contador ya ha ganado su Tour particular. Debutó aquí en 2005 con el Liberty de Manolo Saiz, su cuna. Le gustó. «Es mi carrera», advirtió. El año pasado le cerraron la puerta. El Astana, su equipo, fue excluido porque la mayoría de los corredores estaban implicados en la 'Operación Puerto'. Contador, que en principio aparecía en la lista, fue exculpado luego por la Guardia Civil. Pero su segundo Tour ya se le había escapado. «En 2006 no pensaba en 2007», dijo ayer. Es un gato de muchas vidas. Sorteó el cavernoma y esquivó la 'Operación Puerto'. Eso sí, vio caer a su primer valedor, Manolo Saiz, y a tantos compañeros.
«Ponte para la foto»
A Contador, la bici le apartó del fútbol y el atletismo. «Me sentía más libre». Como sus jilgueros. «Me gustan más que los canarios. Son más bravos». Declaración de intenciones. Un amigo, Javier Hernández, se había ido al País Vasco, al equipo Iberdrola, el filial del Once. Le hablaba de las bicicletas de Saiz, de otro mundo. Y le siguió. Inquilino de un piso en Azpeitia, en comuna con otra docena de aspirantes. Así ganó la Subida a Gorla. La huella del escalador. Hasta que llegó la foto que aceleró su vida: el equipo Once estaba concentrado, en pretemporada. Tenían cita con la fotografía oficial. De gala. Contador y otros chicos del filial andaban por allí invitados. De relleno. En eso, Saiz se le acercó y le dijo: «Alberto, ponte para foto». Acababa de dar el salto.
Fue sólo el primero. Arquitectura de escalador y resultados de contrarrelojista. La fórmula perfecta. Destinado al Tour. «Sueño desde siempre con esta carrera». Luego, en 2004, se tropezó con el cavernoma. Y aprendió a resucitar: en enero de 2005, medio año después de la operación, ganó la última etapa del Tour Down Under, la carrera de su regreso. «Volver a ponerme el dorsal fue la mejor victoria». Llegaron más. Este año ha abrumado en la París-Niza y la Vuelta a Castilla y León. Y ahora es segundo del Tour. «Hoy -por ayer- ha sido un gran día», se felicitaba Bruyneel. «Alberto ganará un Tour». Y él, Contador, le miraba: «Ojalá acierte».






