
Ágil escalador. Entregado. Zumo de ilusión. El suyo es el relato de un chaval que ha entrado en su película preferida: «Cuando he visto mi nombre pintado en Plateau, a mi familia, a mis amigos, me he emocionado. Y no he regulado. He dado más de lo que tenía y lo he pagado. No he calculado bien y Colom se me ha ido», comentó Txurruka. No se le puede poner freno a esa sensación, a ese vértigo de la primera vez.
Dice Gorka Gerrikagoitia, director del Euskaltel-Euskadi, que el suyo es el equipo más combativo del Tour. «Damos la cara. Estamos atentos. Aunque nos falta rematar». El conjunto vasco está siempre presente. En la primera y llana semana. En los Alpes. Y ayer en el inicio de los Pirineos. Es su nuevo estilo. Solidario. El grupo prima sobre los dorsales. La versión solidaria.
Y eso que, con voz baja, uno de los suyos, otro de los recién llegados, se ha colocado octavo en la general: Mikel Astarloza. El ciclista que más se estira. Así es de alto. «Ha sido un día complicado para mí». Penó en el col de Pailheres, pero se rehizo. Le rodearon los suyos. Primero, en el descenso de Pailheres, le sostuvieron Verdugo y Landaluze. Luego, ya en Plateau de Beille, Rubén Pérez y Txurruka, para entonces huecos, le regalaron su último impulso. Equipo. «Hoy por primera vez creo que puedo luchar por estar entre los diez primeros del Tour». Por él y por los suyos.






